
Las últimas elecciones de este tipo se celebraron hace cuatro años, con el laborismo liderado por un Tony Blair en fase terminal. El partido de la izquierda británica empieza la jornada electoral desde una posición muy baja y los conservadores con el reto de superar sus buenos resultados en las municipales de hace cuatro años.
El liderazgo de David Cameron también tiene retos. Siempre fuertes en el sur más próspero de Inglaterra, los conservadores han recuperado terreno en las tierras centrales, pero quieren ofrecer la imagen de partido genuinamente nacional.
Interior y suburbios
Los sondeos en Londres, que dan una muy ligera ventaja al alcalde saliente, el laborista Ken Livingstone, ofrecen un retrato interesante sobre las simpatías políticas en el país. Livingstone aventaja -48% contra 34%- a su rival, Boris Johnson, en la ciudad interior, en los barrios con más quiebras sociales y culturales, con más mezcla étnica. En los suburbios, más ricos y blancos, la ventaja de Johnson es de 45% contra el 36%.
Un sondeo de Mori revela que las preocupaciones fundamentales de los londinenses son la delincuencia y el transporte. Según cifras de Scotland Yard, se cometieron el pasado año en la capital británica 862.032 delitos graves. El cómputo de algunas categorías dice así: 160 homicidios, 59.837 robos en viviendas privadas, 33.645 atracos a personas en las calles y 119.460 robos de, o en, coches.
La Policía de Londres dice también que, según sus estadísticas y sondeos, detecta y sanciona a los autores del 91% de los homicidios y asesinatos, al 33,1% de las violaciones, al 14,3% de los ladrones en casas. Pero el 77% de las víctimas se manifestarían satisfechas con el servicio de la Policía y el 73% de los londinenses se siente seguro caminando por la noche en su ciudad.
Cambio
Johnson ha terminado su campaña acentuando una política de mayor dureza en la persecución del delito, mientras Livingstone ha defendido su trayectoria, especialmente en la notable agilización del servicio de autobuses o en la más polémica tasa por circular en el centro de Londres.
Pero el transporte es la segunda preocupación de los electores en una ciudad que da síntomas de sufrir con infraestructuras que no pueden servir a sus más de siete millones de habitantes registrados. Un pase semanal para utilizar el metro, abarrotado a todas horas, y con trenes y estaciones a menudo necesitados de renovación, cuesta algo más de treinta euros.
Como esos problemas no se pueden resolver de la noche a la mañana, la elección de hoy se interpreta como una manifestación de los sentimientos de los electores sobre la continuidad de Livingstone, y por extensión Brown. Dirán si ya han cumplido su turno y quieren el cambio.







