Es de suponer que el PNV convenció al PSE-EE de la idoneidad de tan largo recorrido con el argumento de que así irían madurando las condiciones para acabar definitivamente con el descaro que la izquierda abertzale exhibía desde dichas alcaldías. Pero para eso hubiese sido imprescindible que el partido de Urkullu arrastrara con su decisión a Eusko Alkartasuna, a Ezker Batua y a Aralar.
Sin embargo, fue precisamente la indecisión jeltzale la que favoreció desde un inicio la interesada dispersión de voluntades. Dispersión que se vuelve hiriente cuando los votos en contra y las abstenciones son justificados con argumentos que conectan con el discurso de la izquierda abertzale del diálogo preciso para superar el conflicto.
Los dirigentes del PNV alegaron desde un principio que era necesario afrontar el problema con inteligencia. Pero está visto que el enfriamiento de la indignación provocada por el asesinato de Isaías Carrasco y la cobertura brindada por ANV al terrorismo etarra al negarse a condenar dicho crimen no ha aportado mayor sabiduría a los dirigentes democráticos. Si acaso, ha suscitado la lógica impotencia al comprobar que lo que hace un mes quizá pudo hacerse -aprobar una moción de censura contra la alcaldesa de Mondragón- hoy ya no es posible.
Mucho menos cuando Galparsoro es presentada por sus seguidores como víctima de una Justicia que hace el trabajo que los partidos democráticos no logran culminar. No es posible, entre otras causas porque las formaciones que hasta ahora han evitado emplazar a ANV y reprobar su conducta están más pendientes del pleno parlamentario que el lehendakari Ibarretxe parece empeñado en celebrar a finales de junio.
Y el resultado de ese pleno depende de lo que haga la marca de la izquierda abertzale que se sienta en la Cámara vasca. Lo ocurrido con las mociones exigiría poco menos que una investigación para averiguar a quién se le ocurrió realmente proceder por tan lenta vía. Pero llegados a este punto sería democráticamente 'más ético' no presentar ninguna más que continuar por inercia adentrándose en un callejón del que, al final, sea necesario salir marcha atrás.
k.aulestia@diario-elcorreo.com







