
Tamara Yazvienko aún no se había sobrepuesto ayer al susto. Le avisó su hijo mayor mediada la tarde del martes, cuando Juan Marcos ya estaba ingresado en Basurto. «Si es que es como una cabra, qué digo una cabra. Ágil como un gato. Si no llega a saltar, muere aplastado».
La señora Villacorta no salía ayer de su asombro. «Cómo pueden dejar los andamios así, cualquier persona que pase un poco distraído, una criatura... ¿Es que lo mata!». Su marido se restablecía ayer en su casa después de pasar la noche en el hospital. «Está preocupado ahora porque nunca ha faltado a la clínica. Ni por una gripe, un catarro, nada de nada. Es de los que dice que 'un médico enfermo no es un médico, es un paciente».




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