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DE CUANDO EN CUANDO
La cuesta de Zabalbide
01.05.08 -

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No es la primera vez que hablo, en mis comentarios y en mis libros, de la popular y temible cuesta de Zabalbide, porque su pendiente ha dado lugar a más de un suceso reseñable. Sobre todo, en la época de los carros y aun de los primeros autobuses de transporte urbano.

Teniendo en cuenta que en aquellos tiempos el transporte de mercancías se hacía con tracción llamada de sangre y el acicate de los animales se conseguía a base de los gritos y juramentos del carretero (recuérdese la frase popular de «hablas como un carretero») resulta lógico suponer que Zabalbide fue la calle donde se escucharon los mas rotundos y sonoros exabruptos.

En mi último libro, titulado 'Cómo cambian los tiempos, Don Marcelino', comento el suceso de un carretero que en la cuesta del Arenal azuzó a sus mulas con tal sarta de juramentos que fue detenido por la Guardia Civil. Y si eso ocurrió en la cuesta del Arenal, imagine el pío lector lo que ocurriría en la de Zabalbide.

También recuerdo la noticia que se publicó por aquellas fechas del 1900, cuando uno de los carros de bomberos llego tarde a un incendio porque, según parece, sus mulas se atascaron subiendo la temible cuesta de Zabalbide. Noticia que no puedo dar como auténtica, porque al día siguiente los bomberos la desmintieron.

Hoy añado a esta lista anecdótica de la temible cuesta la noticia publicada en el verano del año 1900 dando cuenta de un violento choque entre un carro de bueyes y otro de la basura. El carro de bueyes bajaba la cuesta poco a poco cuando, de pronto, se le rompió la galga (es decir, el freno) y sobrevino el encontronazo. Carro y bueyes se precipitaron cuesta abajo y fueron a darse de narices contra el carro de la basura que iba cuesta arriba.

¿Consecuencias del accidente? Léanlo en el final de la noticia: «Del choque resultó muy maltratado el mulo del carro de la basura, la carga del carro de pescado se desmenuzó completamente y además quedó muerto en el acto uno de los bueyes».

El motor de explosión resolvió en parte el problema de la cuesta de Zabalbide, pero no consiguió solucionarlo del todo. Ya se lo contaré en otra ocasión, porque el lance tiene su gracia.
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