
Los dos equipos utilizaron el primer cuarto para calmar los nervios y estudiarse un poco más. Dos obsesos por la táctica como Messina y Spahija decidieron esconder a sus estrellas y que fueran los subalternos los que descubrieran los secretos del contrario.
Como siempre, Papaloukas se quedó en el banquillo; Splitter, esperaba su momento. Y así, transcurrieron los primeros minutos hasta que Singleton cometió la tercera personal. Entonces las cosas cambiaron.
El pívot brasileño salió a pista y trastocó todas las ideas del (dicen) futuro entrenador del Barça. El TAU sacó a tres pequeños y Splitter en el centro para recibir balones. Simple y eficaz. El sudamericano comenzó a trabajarse la zona, sin que los Andersen ni compañía pudieran pararle. Sólo en 14 minutos, provocó seis faltas, aunque no lo supo aprovechar desde la línea de tiros libres.
Con este simple juego de introducir y sacar balones a la zona, el conjunto vasco logró su máxima diferencia en el segundo cuarto (38-30). Jugaba cómodo, sin que el CSKA pudiera romper su ritmo de juego. En los rusos, sólo los chispazos de Holden los mantenía con vida. El base americano estaba cómodo en su pista talismán con sus 'gambetas' y amagos que destrozaban la cintura de Planinic, donde consiguió el Eurobasket hace ocho meses.
El despertar ruso
Un equipo de la calidad del CSKA tenía que despertar, aunque sólo fuera a medio gas. Estaba claro que J. R. Holden tenía el día. Sólo necesitaba a alguien que lo acompañara en las incursiones hacia el aro contrario. Papaloukas no tenía el día; Langdon, estaba peleado con el mundo y Andersen no estaba fino. Así que se asoció con Smodis para anotar y sacar personales a las torres baskonistas y con Siskauskas para que el lituano hiciera algo desde el exterior.
De esta manera, el CSKA le dio la vuelta al marcador y acabó el tercer cuarto uno arriba (56-57), a pesar del buen trabajo de Rakocevic (19) y Planinic (16).
Quedaban diez minutos para dilucidar quién iba acompañar al Maccabi de Tel Aviv en la final, pero la duda se despejó rápido. El TAU se fue del partido por las decisiones arbitrales y su mala elección de tiro. El desencadenante fue una falta intencionada muy rigurosa pitada a Pablo Prigioni. Esto descentró a los pupilos de Spahija, que se dedicaron a protestar cualquier balón dudoso en vez de estar centrados en la remontada. Todo hay que decir que el trío arbitral no ayudó.
Mientras el Baskonia se descomponía, Holden encontró a Andersen, que espabiló y se metió en el partido a última hora. Y con estos argumentos, el Baskonia se quedó a las puertas a pesar del esfuerzo final que lo colocó a cuatro y se tendrá que conformar con el amargo sabor de la final de consolación. El CSKA se las verá con su enemigo íntimo, el Maccabi de Tel Aviv, dos años después. Entonces, ganó el conjunto de la capital rusa.
CSKA Moscú 83 (20+13+24+26): Holden (15), Langdon (9), Siskauskas (16), Smodis (14), Andersen (16) -cinco inicial- Goree (3), Papaloukas (10), Zisis (-), Van den Spiegel (-), Khryapa (-).
Parciales: 20-20, 39-33, 56-57 y 79-83.
Árbitros: Brazauskas (LTU), Koukoulekidis (GRE) y Ankarali (TUR).
Incidencias: El Rey presidió el partido entre el equipo moscovita y el vitoriano. Unos 2.500 aficionados baskonistas acudieron a Madrid a animar a su equipo. Por el contrario, unos mil rusos ocuparon uno de los fondos.











