
Tanto fue así que llegó un momento en el que su propia casa se quedó pequeña para guardar tantos objetos ferroviarios. Por ello, decidió comprar una nueva para dedicarla exclusivamente a la exposición de estas piezas, creando la Sociedad Museo del Ferrocarril 'Tres Generaciones'.
Situada en la ciudad, a lo largo de sus 60 metros cuadrados se puede realizar un viaje en el tiempo e imaginar la vida de un ferroviario a principios de siglo gracias a todo tipo de artículos, desde quinqués a billetes, farolillos o teléfonos de la época.
El museo está dividido en cinco salas. La primera de ellas recrea una biblioteca en la que sólo se encuentran volúmenes sobre trenes. El más valioso de todos ellos es el de Ferrocarriles del Norte, un libro de 1924 que incluye esquemas de locomotoras de vapor y sus características técnicas. Aunque cualquiera de los cientos de títulos que alberga esta sala suscitan el interés de cualquier amante de este mundillo.
Sin moverse de este habitáculo, ambientado en los años 1930-1940 se puede observar un uniforme de los prácticos de ferrocarriles, acciones de compañías como Ferrocarriles del Norte, un teléfono antiguo y hasta un quinqué.
Otros espacios
La siguiente sala lleva directamente a un gabinete de circulación de los años 1940-1950 donde no falta de nada, salvo un sistema de telegrafía que hasta el momento se le ha «escapado del presupuesto». Sobre la mesa se pueden leer los libros donde los jefes de estación registraban los movimientos de los trenes o los armarios desde donde se expedían los billetes y que todavía hoy se conservan los precios de cada uno de los trayectos. En total, García tiene más de 2.000 billetes y conserva, incluso una saca de Correos.
Si se avanza, en otro de los habitáculos muestra una serie de expositores, lo primero con lo que el visitante autorizado se va a topar. Dentro de los mismos se puede ver casi de todo, desde una muestra de todo tipo de pases de transporte ferroviario a una serie de piezas donadas por Silvino Salazar y hechas por la primera promoción de aprendices de Renfe de Miranda.
También se puede disfrutar observando una colección de pins relacionados con temas ferroviarios, guías profesionales para los conductores, una colección de relojes de bolsillo, monedas de todos los países, una colección de botones, un indicador de cambio de agujas y hasta una réplica exacta de la campana que estuvo en Valladolid cuando se inauguró la Compañía del Norte.
La cuarta sala es sin duda alguna la más grande y llamativa. Lo primero que impresiona es que hay 80 faroles de todas las épocas, algunos de ellos de 1920. Incluso extranjeros, sobre todo de Francia, Polonia, India, Alemania e Inglaterra.
Tampoco falta una importante colección de teléfonos antiguos, tacógrafos y numerosas piezas de trenes, desde un ventilador del coche de pasajeros a un medidor del nivel del agua.
Pero sin duda, las gorras, más de una treintena, centran la atención del visitante, sobre todo una roja que fue empleada por los jefes de estación que trabajaban en los campos de concentración nazi.
Una maqueta con trenes en circulación, otra realizada en madera por Carlos Hierro de la estación de Miranda, trenes en miniatura, carabinas y libros de registro metidos en vitrinas son parte de los objetos que se pueden encontrar en esta sala. Finalmente, la quinta está destinada como despacho, con decenas de fotos.





