Como les iba diciendo, el señor García me trae un sobre con la oferta de esta nueva tarjeta Y como todas las ofertas de este tipo, para que luego no haya reclamaciones, se incluyen completas las condiciones del contrato. Pero como esas condiciones no caben en un sobre normal, mediante un increíble trabajo tipográfico de miniaturización ilegible, han conseguido meterlas en tres columnas dentro de una sola hoja.
El señor García se ha tomado la molestia de contar el número de líneas y calcular la equivalencia en líneas y folios normales, llegando a la conclusión de que esas condiciones, para que pudieran ser leídas por un ojo normal, ocuparían el espacio de nueve o diez folios. (El récord de los contratos miniaturizados lo posee de momento una empresa de telecomunicación cuyas condiciones en letra 'micro' equivalen a 13 folios normales).
Pero aún ha encontrado mi amigo en esa oferta otro detalle curioso. Porque el remitente, pensando sin duda que los destinatarios son muy ceporretes, en vez de recomendar sencillamente que metan su solicitud en el sobre adjunto y lo depositen en el buzón, incluye en el sobre las explicaciones de los tres pasos a seguir, con acompañamiento de estos dibujos aclaratorios: 1.- Dibujo de una mano escribiendo la petición. 2.- Dibujo de una mano sosteniendo el sobre y la otra introduciendo la carta. 3.- Dibujo de una mano metiendo la carta en el buzón. Eso son facilidades y lo demás, chirloras.
Pero lo más meditable de esta oferta (y lo que justifica el título de mi comentario) lo hemos encontrado en la hoja donde hay que escribir los datos personales, porque allí se demuestra la evolución increíble que ha tenido nuestra vida en lo referente a las relaciones sentimentales. Antes en la casilla de 'Estado civil' sólo había tres opciones; soltero, casado o viudo. Ahora, en cambio, ya tenemos seis: soltero, casado, viudo, separado, divorciado y en pareja. ¿Cuánto tardaremos en inventar la opción número siete?









