
LA LISTA DE LA COMPRA
Pese a que los mercados de abastos se ubican en edificios de titularidad municipal, la mayoría de estos espacios son gestionados por los propios comerciantes, que deben abonar un canon anual al Ayuntamiento a modo de arriendo durante el periodo de concesión establecido; por regla general, entre 30 y 35 años.
La cantidad, según apuntó a este periódico el concejal de Salud y Consumo, Sabin Anuzita, puede variar en función de la zona de Bilbao en la que está emplazado, la superficie que ocupa, el circuito comercial existente en el barrio o la inversión que hayan destinado los dueños de los puestos a la reforma de las instalaciones.
No es lo mismo una plaza de abastos en pleno centro de la villa que otra en una zona periférica, como tampoco lo es un mercado de cuatro puestos a uno de 33. En este sentido, los cánones oscilan aproximadamente entre los 1.200 euros del de la calle Trauko (Uribarri) y los 22.000 que pagan los comerciantes del Ensanche», resumió Anuzita.
El papel del Consistorio -similar al que desempeña un casero- conlleva una serie de obligaciones: desde analizar la situación de cada uno de los mercados hasta comprobar el correcto funcionamiento de las plazas. «Hay que potenciar la relación entre los representantes de los mercados y el Ayuntamiento porque cada caso es diferente y resulta muy difícil hacer una política común», reconoció Anuzita.
En cuanto al aspecto sanitario, técnicos del área de Salud y Consumo llevan a cabo una vez por semana inspecciones en los distintos espacios -entre dos y tres en el caso de La Ribera- para garantizar el buen estado de los productos, en especial, de los frescos. Esta es la radiografía de los mercados de abastos de la ciudad.
EL ENSANCHE
Ubicado en la plaza del mismo nombre, se reformó hace alrededor de cinco años y los diez comerciantes que ofrecen sus productos están «encantados». «Se ha ganado todo, porque en el otro teníamos muchas deficiencias. Hemos pasado del agua al vino», reconoce Juan María Zorroza, presidente del mercado. A las once de la mañana apenas hay clientela. «Las ventas están mal en todos lados», advierten en la carnicería. Pero si algo tienen claro en los puestos es que «estamos mejor aquí que en ningún otro sitio». En la panadería, Ana reparte bombones a los más pequeños que se acercan con sus amatxus a comprar «el pan de cada día». La mayoría son habituales, aunque la reforma ha ayudado a ganar clientes. «Si antes vendíamos cinco, ahora ocho. Todo lo que sea renovarse es para bien», reflexiona Zorroza.
DEUSTO
«Yo compro en el barrio porque, si tengo que reclamar, que sea al lado de casa». Amaia Martín empezó a trabajar en el mercado de Deusto cuando tenía 18 años. Sus padres tenían una charcutería, que ahora ella se encarga de sacar adelante. «Llevo ya 24 años, una vida», reflexiona. Hace cuatro años que rehabilitaron esta plaza de abastos. «Antes nos moríamos de calor», explica esta bilbaína. La reforma les salió por más de 600.000 euros, cantidad que abonaron los comerciantes, en la actualidad dieciséis. La presidenta de la plaza, Umbe Amorena, considera que los mercados deberían tener «más ayudas» por parte del Ayuntamiento u otras instituciones para prosperar y mejorar su competitividad; por ejemplo, financiando más las obras «en lugar de abrir tantos centros comerciales». Aún así, Amorena se muestra optimista porque «todavía hay gente a la que le gusta ver cómo cortas el producto».
SAN IGNACIO
La plaza de San Ignacio es, tras la de La Ribera, una de las más grandes de Bilbao. Cuenta con 33 puestos, a los que hay que añadir otros nueve que permanecen vacíos. Pero si algo llama la atención de este mercado es la escasa iluminación. «Se quiere bajar los techos para que haya más luz», explica Vicente Blanco, concesionario de una charcutería. Al parecer, los comerciantes llevan «veinte años peleando para que el Ayuntamiento haga algo, porque el mercado está bastante mal». Por fin, sus plegarias han sido escuchadas. «Lleva casi cuarenta años abierto y nunca se ha hecho nada, y eso que estamos pagando 'lo nuestro'», argumenta Blanco. El Consistorio invertirá alrededor de 180.000 euros en reformar los accesos, las escaleras, los cuartos de basura. Y también instalará duchas en los servicios y dará una mano de pintura a todo el recinto. «Se trata de un lavado de imagen, pero lo que nosotros creemos es que debería hacerse una rehabilitación completa, pero que incluya hasta las baldosas del suelo», apunta Vicente. El portavoz de los comerciantes señala, asimismo, la necesidad de habilitar zonas de descarga y mejorar los problemas de aparcamiento en los alrededores. «Hay gente que no viene porque no encuentra dónde dejar el coche y el reparto es terrible», se queja.
OTXARKOAGA
José Luis Martínez lleva 25 años trabajando en el mercado de Otxarkoaga. Tiene dos pollerías y un puesto de quesos, y hace apenas un par de semanas que ha abierto otro negocio en la plaza de abastos de Deusto. «Me gustan los mercados porque permiten especializarte, algo que la gente reclama cada vez más. Por ejemplo, yo tengo pollerías en las que se pueden encontrar todo tipo de productos relacionados con esa ave. Esto en la calle no se podría tener. Al final, acabaría convirtiéndose en una carnicería al uso», explica. La situación del mercado de Otxarkoaga deja mucho que desear, pero no tanto en el interior, sino en su apariencia exterior. «La última vez que se reformó fue hace ocho años, así que ya le toca», considera Martínez. Según revela el también presidente de la plaza, el Ayuntamiento ha accedido a asumir la reforma de la fachada y el tejado, lo que permitirá rebajar las humedades. «Se están haciendo las últimas catas, así que esperamos que puedan comenzar este año», señala. Pese a ser uno de los mercados que mejor funciona, José Luis reconoce que «la crisis económica se vive más en los barrios obreros».
TRAUKO
El de Uribarri es el mercado más pequeño de la villa -sólo tiene cuatro puestos-, pero también el que mejor funciona. Las colas son algo habitual, sobre todo los jueves, viernes y sábados. El resto de días tampoco les falta clientela. «La verdad es tenemos la suerte de que la gente del barrio compra aquí y no se va a otros supermercados o a centros comerciales», comenta María Amada Martínez, concesionaria desde hace seis años de la frutería. Hace cuatro que los comerciantes se decantaron por hacer una reforma integral de la plaza de abastos. «Antes era tercermundista. Muchos que entran ahora, antes no lo hacían», reconoce Martínez. La mayoría son vecinos y las conversaciones son de todo tipo. Desde el tan socorrido tiempo, hasta el menú de casa. Algunas mujeres llevan acudiendo a comprar al mismo sitio más de cincuenta años, fieles al día de mercado.




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