Una vez explicada la definición del diccionario, les diré que el tema se me ocurrió al leer en una revista especializada la carta de un lector, pidiendo que hablasen algo sobre la amaxofobia que, según se cita en dicha carta, es el temor a conducir automóviles, lo cual me indujo a pensar que se trata de una obsesión de nuevo cuño. Y estaba equivocado.
En efecto en la Enciclopedia Sopena se incluye dicho vocablo definiéndolo como «temor angustioso a ir en carruaje» sin especificar el tipo de carruaje, que lo mismo puede ser un carro que un coche, un avión o un tranvía. Y en un viejo diccionario ilustrado de la misma editorial, que conservo en mi modesta biblioteca, se incluye un curioso cuadro que contiene una lista de obsesiones que no son sino una pequeña muestra de los centenares de fobias que existen «en el mercado». Fobias u obsesiones de lo más variopinto, curioso e incluso extravagante.
Y como muestra de la variedad disparatada de fobias que pueden presentarse, les citaré por ejemplo la aulofobia -temor a las flautas-, la ergofobia -temor al trabajo que no debe confundirse con la vagancia-, la rabdofobia -temor a los bastonazos- e incluso la socerafobia -fobia a los suegros y, por supuesto, a la suegra-.
Hay, sin embargo, en la lista de fobias, una que yo no acabo de entender del todo, porque en mi modesta opinión no se trata de fobia propiamente dicha sino de un sentimiento natural del ser humano; me refiero a la llamada ponofobia, que es la fobia al dolor, y si hay alguien que no sea ponófobo, que levante el dedo.
Pero hablando de la amaxofobia -temor a conducir coches- que es la que me ha dado pie para este comentario, les diré que viendo el empeño que tienen tantos cabezones por usar el coche en el casco urbano, creo que no nos vendría mal a todos, una buena epidemia de amaxofobia.









