Un buen puñado de curiosos no desaprovechó la oportunidad. Catalejos en ristre, los paseantes intentaron descubrir los detalles del paquebote que la distancia no les permitía apreciar. Quizá algún pasajero practicando con los palos de golf o jugando al tenis en una de las doce cubiertas. Acostumbrados ya a la expectación que despiertan en cada puerto, los pasajeros se lo tomaron con calma. La mayoría se fue en autobús al Guggenheim, Gernika o a alguna bodega riojana, pero otros muchos se quedaron dando un paseo por Getxo.
Por ejemplo, John y Rowena Norman, un matrimonio de la localidad británica de Southampton. Es el tercer crucero que disfrutan en el 'Queen Elizabeth 2' y la segunda vez que atracan en Getxo. «Ya conocemos el Guggenheim, un museo fantástico por cierto, así que esta vez vamos a aprovechar que hace un día magnífico para dar un paseo agradable», confesaron. John y Rowena conocen el buque al dedillo, «pero hemos querido embarcar de nuevo porque ésta es la última oportunidad». Ellos confirman la estadística ya que, según la naviera -la prestigiosa Cunard- el 40% de los viajeros del 'QE2' repite la experiencia en los dos años siguientes, encandilados por el lujo.
Como Bond Street
Es el caso de Tony y Una Colbourn, de New Forest, en el sur de Inglaterra. Es su segundo crucero en el histórico barco, pero nunca habían visitado Vizcaya. Al menos, en viaje de placer. «Trabajé en la armada así que he atracado en todas partes», reconoció Tony. A primera hora, se acercaron a conocer el Guggenheim. «En realidad hemos ido a ver a 'Puppy' y nos ha gustado; olía muy bien», bromeó. A mediodía dieron un paseo por Getxo sorprendidos por los palacetes de Arriluce y del paseo de Churruca. «¿Aquí es donde viven los ricos?», preguntaron. Ella se interesó por la moda. «Las tiendas que hemos visto en Bilbao parecen exquisitas. Me han recordado a las de Bond Street, en Londres».
Algo mareados, Peter y Connie Colt desembarcaron «para dar un paseo, ir a las playas que hemos visto desde el barco y tomar un café. Hemos tenido muy mala mar estos días y no tenemos el cuerpo para museos». Viven en la ciudad inglesa de Sunset y se embarcaron en este crucero «pese a que el barco es muy vetusto y clásico, porque queríamos conocer esta pequeña pieza de la historia británica», explicaron. Los Colt tienen razón. La propia Reina de Inglaterra se encargó de botar el barco en 1967 y la Royal Navy utilizó sus camarotes para llevar a sus tropas a la Guerra de las Malvinas. En 41 años ha transportado a más de 2 millones de pasajeros, en 800 viajes. Y ha surcado más de 5 millones de millas náuticas, algo así como ir y volver a la Luna trece veces.
El matrimonio formado por Henry y Peggy Nixon, de San Francisco, es parte de esa historia. Son los profesores de vals del buque desde hace cinco años y ayer se confesaban «muy tristes» porque eche el ancla para siempre.





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