También a su encuentro y con la (h)Oz en la mano salían esta semana a la calle muchos trabajadores, descartando hacer oír sus reivindicaciones a la japonesa, y optando por la técnica ibérica tradicional del día libre para reclamar, como el hombre de hojalata, un corazón compresivo para la patronal.
Forman parte indiscutible de la comitiva el farmacéutico argentino, asaltado 44 veces en sus 38 años de profesión y que, desde la bancarrota, planea demandar un mínimo razonable de suerte, o el empleado de Correos gallego que, como aquel león, desea valor para afrontar el trabajo que realiza, a falta de otro espacio, en el baño de la oficina que convierte su labor en una mierda literal.
Hablando de cuentos, cabe mencionar el que, según los entendidos, nos han ofrecido las autoridades sanitarias, convirtiendo al aceite de girasol en poco menos que la bruja mala del Este, cuyas carcajadas algunos aseguran oír una vez superada la alerta.
Como no pocas risas han desatado los generosos españoles que, encuestados, afirman dedicar una media de 18 minutos a los preliminares, y culminar en orgasmo casi todas sus incursiones posteriores.
Sí, quizá en Oz.





