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DEPORTES LA RIOJA
Adiós con honores
El Naturhouse hace sudar al Portland en la noche de las despedidas: la del equipo con el Palacio por este curso y la de varios jugadores queridos con Logroño
04.05.08 -

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Adiós con honores
AGRADECIDO. Tvedten pidió perdón por su adiós a unos aficionados entregados con el noruego, que ayer marcó seis goles, cuatro desde siete metros. / FOTOS: SERGIO ESPINOSA
Fue la noche de las despedidas. El Naturhouse se despedía del Palacio por esta temporada, y lo hacía dando la cara que ha mostrado cuando se encuentra jugando a gusto. Cuando juega ante su gente. Pero era el momento del adiós. De los adioses. El Palacio despedía a gente que ha sido muy importante, y sobre todo querida, en los últimos años. Havard Tvedten, Gustavo Alonso, Diego Pérez Marne y Pepe Novelle entraron ayer en la historia del club. Se despidieron de la afición en un emotivo final de partido. El año que viene vestirán otras camisetas, pero seguro que guardan a Logroño una amplia estancia en su corazón.

No se fueron con victoria, pero sí con honores. En el día de separar sus caminos, el Portland se llevó la victoria, pero tuvo que sudarla tras una segunda parte emocionante, que puso el contrapunto a una primera baja de calidad y, sobre todo, de intensidad.

Descentrado por tanta despedida o no, el Naturhouse no entró metido en el partido. Ya de salida se vio que el Portland San Antonio tocaba red con facilidad. Su calidad y la candidez de la defensa local eran los ingredientes más apropiados para martillear sistemáticamente la portería de Aginagalde, a pesar de que el rendimiento del portero irundarra fue bueno de salida -luego bajó un poco en el último tramo de la primera parte-.

Además, arriba había problemas. Cinco minutos tardó el Palacio en celebrar un gol, por lo que el Portland comenzó mandando (0-3). Curiosamente, una vez encontrado el camino, el Naturhouse lo recorrió con más facilidad, ya que hizo cuatro goles en tres minutos (4-5). El 5-1 pareció ser una solución, pero no aliviaba las carencias defensivas del Naturhouse. El Portland volvió a hacerse su hueco en el marcador, unos tres, cuatro o cinco goles de ventaja que le permitieron vivir la primera parte con tranquilidad.

El Naturhouse sufría. El partido se convirtió en un correcalles, y cuando un equipo como el Portland corre, el rival lo paga. La primera línea riojana no encontraba un resquicio en la gigante defensa navarra, y los argumentos venían desde los extremos o desde el pivote, con un Oneto que tuvo una batalla terrorífica con Juancho Pérez, Dominikovic, Jorgensen y compañía.

Con el 10-15, Jota González paró el partido y rescató del banquillo a Pérez Marne y Tvedten, y el equipo tuvo otro aire, al menos en ataque. El central leonés, cuya lucidez se echará en falta, movió bien al equipo, aunque las carencias defensivas seguían ahí. Al equipo le faltaba 'punch', intensidad, ese punto de agresividad en el que se siente cuando aparece -en la segunda parte lo haría y, en comparación con la primera, resultó otra historia-.

Para colmo, cuando el Naturhouse lograba que el Portland se enredara en ataque y forzaba el pasivo, aparecía un Ruesga nacido para jugar esos balones. El resultado al descanso, 14-19 que lo decía todo.

Otra cosa

La segunda parte fue otra cosa. Ese punto de intensidad que se echaba en falta apareció en dosis altas. El Naturhouse, todo el partido con 5-1 y defensas abiertas, apretó de verdad y Torrego, recién entrado. Lo agradeció. El portero hizo una segunda parte espléndidas, de ésas en las que demuestra que es un meta de los que pueden ganar partidos.

El Naturhouse se echó encima del Portland en el marcador, reduciendo la renta navarra al mínimo, gracias a un Belaustegi enchufado y a unos diez minutos finales en los que Pérez Marne, Mojsovski y el donostiarra conformaron una primera línea bastante solvente. Se llegó al final con el partido en el alero (27-28, 28-29, 29-30, 30-31...), pero el Naturhouse no lograba echar el lazo al Portland. Un par de pérdidas consecutivas frustraron las opciones de empate y, aunque Aguirrezabalaga le echó valor por su costado, los navarros amarraron una victoria que vieron peligrar pese a ir todo el partido por delante.

Era el digno final a una gran temporada del Naturhouse en casa -lo contrario que fuera- y el adiós a varios jugadores muy queridos que se llevaron su pedazo de Logroño para siempre.
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