A lo largo del año, los agentes forestales han recibido dos llamadas por vertidos en los ríos. Los análisis realizados demostraron que, aunque no eran graves, los peces sufrían las consecuencias.
«Siempre que se altera la calidad del agua se pierde oxigenación y esto a la vez hace mermar la calidad de reproducción y subsistencia, sobre todo de la trucha, que necesita aguas muy claras y limpias», señala Chamorro.





