
El responsable de la plataforma era entonces un veinteañero del partido comunista, cuyo cometido era hacer un estudio de los movimientos populares. «Vi entusiasmo y respeto. Comunistas ateos y curas trabajaban juntos en temas vecinales», alaba Muñoz, quien destaca «el bajón» que dio la iniciativa ciudadana al llegar la democracia. «Muchos efectivos se fueron a Ayuntamientos, que asumieron funciones de las agrupaciones, y otros pasaron a partidos», recuerda.
El nuevo escenario requería un golpe de timón en el movimiento vecinal, que fue despolitizándose y encontró su nuevo cometido: «Llegar adonde no lo hacen las instituciones y aportarles propuestas». Este cambio las 'salvó'. «Ahora estamos en pleno resurgimiento», destaca.




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