
El féretro con los restos, cubierto por una gran bandera de España, llegó al Congreso a las diez de la mañana a hombros de ocho soldados. Desde el golpe de Estado del 23-F, no se veía a militares armados dentro del inmueble. Recibieron el féretro el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, y su esposa, Sonsoles Espinosa, y los presidentes del Congreso y del Senado, José Bono y Javier Rojo. Los Reyes y los Príncipes, vestidos de luto, llegaron poco antes de las once para dar el pésame a la viuda, Pilar Ibáñez-Martín, y a sus hijos. Emocionado, Don Juan Carlos depositó al pie del ataúd el Collar de la Real y Distinguida Orden de Carlos III, mención creada en 1771 y que sirve para premiar a quienes prestaron servicios «eminentes y extraordinarios a la Nación».
Presidía la capilla ardiente, una bandera roja y gualda adornada con un crespón negro. La urna, de color marrón, permaneció abierta toda la jornada. A ambos lados del ataúd, autoridades, familiares y amigos sentados en filas de sillas velaban el cuerpo. Decenas de coronas, entre ellas una enviada por el Rey, cubrían las cuatro paredes de la estancia. El Monarca aprovechó su visita a la capilla ardiente para realizar una declaración pública en nombre de toda la Familia Real.
El Jefe del Estado resaltó que «ha muerto un gran español, un gran hombre de Estado, un demócrata y una persona muy querida». «Nunca olvidaré -prosiguió- su encomiable entrega al servicio de España durante tantos años, su impagable contribución a nuestra Transición». Por su parte, el presidente del Gobierno resaltó la figura de Calvo Sotelo en el asentamiento de la actual sistema de libertades. «Hoy es un día para que la democracia llore», subrayó.
Papel decisivo
Antes de la apertura al público, desfilaron por la capilla ardiente el presidente del PP, Mariano Rajoy, el ex presidente del Gobierno José María Aznar, el hijo de Adolfo Suárez, Adolfo Suárez Illana, y personalidades coetáneas de Calvo Sotelo en aquellos años difíciles de la Transición, entre ellos los 'padres' de la Constitución Manuel Fraga, Gregorio Peces Barba y Miguel Herrero de Miñón, y el que fuera jefe de la Casa del Rey Sabino Fernández Campo. Todos señalaron el papel decisivo que para la consolidación de la democracia desempeñó Calvo Sotelo durante los 22 meses que gobernó el país.
Por la tarde, el Arzobispo de Madrid y presidente de la Conferencia Episcopal, el cardenal Antonio María Rouco Varela, ofició en el Congreso un responso en memoria del fallecido. Los restos permanecerán en el Salón de los Pasos Perdidos hasta las nueve de la mañana de hoy, cuando serán trasladados a la localidad gallega de Ribadeo, a la que el fallecido se sentía muy unido y a donde está previsto que lleguen sobre la una de la tarde.
En el salón de plenos del Ayuntamiento, el ex presidente recibirá un último homenaje antes de ser enterrado en el cementerio municipal, donde también descansan sus padres. El jueves, los Reyes asistirán al funeral de Estado en su memoria en la madrileña catedral de La Almudena. El Gobierno ha decretado tres días de luto oficial para homenajear al primer jefe del Ejecutivo fallecido.









