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Sociedad

LA REVOLUCIÓN DE LA ALTA VELOCIDAD
«He dicho adiós al avión»
Empresas, profesionales y particulares cambian de hábitos tras la apertura de la línea de alta velocidad Madrid-Barcelona, que sumó 900.000 usuarios en sus primeros 70 días
05.05.08 -

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«He dicho adiós al avión»
TRABAJANDO. El bilbaíno Andrés González.
Un tren de alta velocidad tiene el éxito asegurado cuando cubre el trayecto «en la mitad de tiempo que el coche a la mitad de precio que el avión», asegura el responsable de esta materia en la Unión Internacional de Ferrocarriles, (UIC), el español Ignacio Barrón de Angoiti. El AVE Madrid-Barcelona, el último que ha entrado en funcionamiento en España, el pasado 20 de febrero, cumple ambas premisas, de manera que también se le puede atribuir la conclusión. Es un éxito, y casi un millón de pasajeros en algo más de dos meses -909.847 entre el 20 de febrero y el 29 de abril- dan fe de ello. EL CORREO ha viajado esta semana en los trenes Siemens S-103 que cubren el trayecto en 2 horas y 38 minutos (3 horas y 23 minutos en los servicios con paradas intermedias) y ha recogido las opiniones de los usuarios, muchos de los cuales han descubierto una nueva forma más «cómoda y práctica» de viajar entre ambas metrópolis.

«Después de 15 años, por fin he dicho adiós al 'puente aéreo'», afirman pequeños empresarios como Ángel Ramírez, obligado a desplazarse al menos una vez por semana de una capital a otra por ineludibles motivos de trabajo. Otros profesionales admiten que sus firmas han variado de forma radical su política de viajes y han trasvasado sus preferencias hacia Renfe en detrimento de Iberia, la principal operadora de la conexión 'express' Madrid-Barcelona por el aire. La clave, destacan muchos, es la versatilidad del tren, que permite invertir el tiempo de viaje en actividades vetadas en los aviones.

Contestar al teléfono móvil es sólo la más llamativa, pero sobre raíles se puede desayunar o comer -con café y copa incluida en clase Preferente-, utilizar el portátil y hasta conectarse a Internet y despachar el correo electrónico. También se puede estirar las piernas, visitar la cafetería o entretenerse con la prensa o con una película con cierta comodidad. Pocas de estas cosas pueden hacerse a treinta mil pies de altura. Y mucho menos a bordo de un coche, aunque el automóvil, con sus más de cinco horas de tiempo de viaje -atascos aparte-, no es en absoluto competidor de uno ni de otro.

Es cierto que el avión gana en velocidad y en rapidez en la conexión entre origen y destino. Son 50 minutos de vuelo frente a las dos horas y media pasadas del AVE más rápido, el que no se detiene en ninguna estación intermedia, ni en Zaragoza, ni en Lleida ni en la alejada terminal de Tarragona, desde donde ni siquiera se divisa la ciudad. Para los enganchados al 'puente aéreo', el tiempo es oro y la amplia oferta de vuelos hace que los inconvenientes merezcan la pena. Quienes se han pasado al tren, sin embargo, no lo cambian ni por rascarle unos cuartos al reloj. «Con el AVE, sabes cuándo sales y cuándo llegas», admite otro viajero. «Algo que pocas veces ocurre cuando uno entra en un aeropuerto».

ÁNGEL RAMÍREZ

Empresario. 56 años.

«Demuestro a cualquiera que el avión tarda más»

«Hasta las azafatas son más agradables, en un avión casi tienes que pedir perdón por todo». Si hay alguien cansado del 'puente aéreo', ése es Ángel Ramírez, responsable de una empresa de pavimentos de madera con delegaciones en Madrid y Barcelona, lo que le obliga a viajar «todas las semanas» a la Ciudad Condal. «He sido usuario de Iberia durante 15 años, pero ya no me ven más el pelo. Estoy hasta las cejas de los aviones, de la impuntualidad, de los embarques eternos, de viajar como sardinas en lata y de que el vuelo se suspenda por la niebla o por cualquier otra causa», dice con energía.

-Pero es más rápido.

-Nada de eso. Demuestro a cualquiera que se tarda más en llegar a un mismo sitio. Había días, sobre todo los lunes, que salía de casa a las cinco de la mañana para coger el primer puente aéreo a Barcelona. Había tanta cola para los billetes que nunca cogía el de las seis, sino el de las siete o las ocho. Algunas veces llegué a la empresa a las once. Con el AVE, madrugo menos porque vivo cerca de Atocha y sé cuando voy a llegar, sin sorpresas.

El único 'punto negro', asegura Ángel, está en la propia estación madrileña. «No hay aparcamientos suficientes. Ya eran pocos antes de que abrieran las conexiones a Málaga, Valladolid y Barcelona. Ahora hay mucho más tráfico y a nadie se le ha ocurrido aumentar el párking», se queja.

JOSÉ AGUAYO

Supervisor de aseguradora. 45 años.

«Ojalá se haga pronto hasta Bilbao»

Las principales capitales del país son destino habitual de José Aguayo, un empleado de la aseguradora Mapfre que debe supervisar proyectos en toda España. «Allí donde llega el AVE, voy en tren», asegura. Hace ya tiempo que dejó de coger el avión para ir a Sevilla, y ahora Valladolid, Málaga y Barcelona se han sumado a su lista de destinos preferentes, porque a ellos se puede viajar cómodamente en alta velocidad. «Viajo mucho a Bilbao y casi siempre en avión, qué remedio», dice. «Ojalá llegue pronto el AVE, es un tren que no se debe dejar pasar», afirma.

Aguayo tiene claro que «el ferrocarril es el futuro en un país como éste, que tiene unas dimensiones muy apropiadas para la alta velocidad. El avión está imposible, es cada vez más incómodo, tanto por las medidas de seguridad como por el espacio en el interior, que aprovechan hasta no dejar apenas sitio para poner las piernas. Ahora mismo, no cambió el AVE por nada».

ANDRÉS GONZÁLEZ ZULAICA

Empleado de una petrolera. 50 años.

«El tiempo se aprovecha mejor»

Andrés González, vizcaíno de Getxo y trabajador de una petrolera, revisa notas y gráficos en el ordenador portátil mientras estira las piernas en el vagón-cafetería del AVE de las ocho de la mañana con destino Barcelona. Tiene reuniones en la Ciudad Condal y le dará tiempo a llegar con el trabajo revisado y a punto, una actividad que es común a otros muchos viajeros que desenfundan la computadora y el teléfono móvil según se acomodan en su asiento. «Lo bueno del AVE es que puedes trabajar mientras viajas, en eso no hay comparación con el 'puente aéreo'», asegura. «Mi jornada laboral no empieza cuando llego al destino, sino cuando entro en el tren», indica. No es una opinión aislada. De hecho, hay quien se ha dedicado a analizar la relación entre el AVE y la productividad. La Cámara de Comercio de Zaragoza cree que sus empresas ahorrarán 400 horas anuales si sus empleados se desplazan en alta velocidad en lugar de en coche o en avión.

PILAR RUIZ

Directora de recursos humanos. 39 años

«Hasta el presidente de mi empresa usa ya el AVE»

Pilar Ruiz emprende un viaje relámpago a Barcelona, mientras su compañera Ana Fernández se quedará unos días en la capital catalana. Trabajan para una empresa de recursos humanos que ha variado de forma drástica su política de desplazamientos. «Todos cogemos el AVE, desde los empleados hasta el presidente y el director general», indica Pilar, mientras mira el paisaje desde la cafetería. «Y otras muchas empresas han hecho lo mismo. Me suelo encontrar con bastantes colegas en el tren», asegura. A ella, personalmente, le ahorra tiempo y estrés. Vive cerca de Atocha y puede llegar a la estación andando, lo que permite madrugar menos para llegar a Barcelona a una hora similar.

LUCAS DJAHJAH

Estudiante de Periodismo. 18 años.

«El billete me ha costado 10 euros»

Lucas quiere ser periodista de televisión y quizá cuando acabe la carrera le asignen la cobertura del estreno de la primera línea de alta velocidad de su país, Brasil. El gigante sudamericano anhela conectar como ha hecho España sus dos principales de ciudades, Río de Janeiro y Sao Paulo, separadas casi tanto como Madrid y Barcelona y angustiadas por graves problemas de saturación aérea. De momento, Lucas Djahjah ya puede decir que ha probado el AVE hispano.

Se sube en la estación de Sants, Barcelona, y busca su asiento en la clase Turista -la más económica-, con una enorme mochila al hombro que ha paseado durante tres meses por toda Europa. «Mi padre me regaló este viaje por aprobarlo todo y empezar este año la Universidad», relata de camino a Madrid, desde donde conectará después con Lisboa, última parada de su viaje antes de regresar a casa. Poseedor de un billete 'eurorrail' -que permite viajar en tren por todo el continente a precios muy rebajados-, la conexión AVE entre Madrid y Barcelona le ha salido a coste de un menú del día. «He pagado sólo diez euros, el 10% de lo que cuesta el billete normal», dice.

IGNASI GÓMEZ

Delineante. 38 años.

«El avión me inquieta. Duermo mejor si voy en AVE»

«No es miedo», asegura Ignasi Gómez, pero viajar en avión le inquieta, le pone mariposas en el estómago. «Duermo mal la noche anterior, siempre me ha ocurrido», confiesa. «Estoy nervioso hasta que despega. Después, me relajo». Hoy viaja en Preferente y destaca el servicio y la comodidad del tren. Las butacas son «espaciosas», el desayuno está incluido y se reparte la prensa del día nada más comenzar el trayecto.

Ignasi apuesta también por el AVE por su precio, «aún caro», pero «más barato que el avión». Ida y vuelta en turista en un tren directo, sin paradas intermedias, sale por 191,20 euros. Existen tarifas más baratas -con descuentos de hasta el 60% si se compran los billetes con quince días de antelación-, pero la escasez de plazas en promoción hace que tratar de conseguir una sea, la mayor parte de las veces, «una misión casi imposible».
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