Simplificando un poco, el cine es un negocio extraño en manos de gente extraña. Para hacer una película se necesita el presupuesto de un país mediano y los actores son individuos que, tras interpretar a un extraterrestre karateka, se sienten capacitados para reflexionar en voz alta sobre política internacional. Algunos de ellos terminan hablando de sí mismos en tercera persona.
Aún así, demos la bienvenida a los señores del cine, que son de Nueva York y eso impresiona. Este año William Tyler Smith dará clases a los chicos. Admirador de Woody Allen y Wim Wenders, el director parece uno de esos americanos fascinados por Europa. Es curiosa la buena opinión que tiene de nosotros la gente que no nos conoce. Por no desengañarle, mientras dure su estancia en Bilbao los aborígenes deberíamos pasarnos el día tomando 'capuccinos', planeando complicados adulterios y citando a Sartre en francés.
Uno piensa en los jóvenes que desean dedicarse a la cosa del cine y siente por ellos una mezcla de admiración y lástima. Quieren filmar el nuevo 'Ciudadano Kane' y van a pasarse más tiempo recorriendo despachos que trabajando en los platós. Preguntado por qué consejo les daría a los directores principiantes, Billy Wilder contestó que se limitasen a no colocar la cámara detrás de las llamas de la chimenea, ya que esa sería la perspectiva de Santa Claus. Ténganlo en cuenta los nuevos cineastas y ánimo, mucho ánimo.











