Pero es verdad, sí, que la concepción espacial y la distribución interior del edificio concebido originalmente por el discutido y demandado Julián Argilagos no ofrecían ninguna garantía para la adecuación posterior de un discurso museográfico. De ahí la lógica de un concurso para el interiorismo del futuro centro, aunque ese mismo concurso sea paradójico no sólo por la inexistencia en paralelo del necesario plan museográfico, sino también porque dos de los contratantes -Gobierno y Diputación- no son todavía patronos de una Fundación Balenciaga que es la legítima propietaria de los fondos que albergará el futuro museo. Así las cosas, de no alcanzarse el acuerdo cultural y político entre el ministerio y las instituciones vascas tendríamos un edificio sin museo o, lo que es peor, un espacio formidable y una consiguiente tentación política para destinarlo a otro uso diferente del original. Sería una pena.






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