
TURANDOT
'Turandot' es una de esas óperas tremebundas y con aire exótico que arrasan en la platea cuando se cuenta con un elenco a la altura de unas exigencias vocales y dramáticas que dejan a los protagonistas, después de cada representación, con unos cuantos kilos menos. «Yo no estoy demasiado tiempo en escena, pero cuando aparezco, ¿no paso desapercibida !», advierte la soprano estadounidense Adrienne Dugger, que ya pasmó por su desgarro y poderío vocal hace tres años en el Euskalduna, al abordar el rol estelar de 'Erwartung', de Schönberg.
Ahora, en el papel de princesa china sedienta de sangre -manda decapitar a sus pretendientes sin pestañear- tendrá como compañeros de escena a Marco Berti, como el fogoso Calaf, y a la mezzo Latonia Moore, que encarnará a Liù, la joven esclava perdidamente enamorada de Calaf. Un triángulo al rojo vivo que sonará al compás de la batuta de Antonello Allemandi, con la Sinfónica de Euskadi en el foso. «El 'cast' es fantástico. Lo más complicado es encontrar el justo equilibrio entre la potencia de la masa orquestal y las voces », reflexiona Antonello Allemandi, el maestro que más funciones ha dirigido en la ABAO. Nada menos que 27 títulos en 30 montajes distintos.
Un final diferente
La producción -una colaboración entre la ABAO, el Liceo de Barcelona y el Teatro del Capitolio de Toulouse- tiene un rodaje de nueve años: se estrenó en 1999 con motivo de la reinauguración del coliseo de las Ramblas y se presentó en la capital vizcaína en septiembre de 2002. La polémica que desató el montaje, concebido por Nuria Espert, hace tiempo que no levanta sarpullidos; su decisión de borrar de un plumazo el 'happy end' ya no escandaliza a nadie.
Jon-Paul Laka, director artístico de la ABAO, defiende la licencia que se tomó la artista catalana: «Es una opción muy válida que tiene su lógica. Turandot no pasa de 'prinzipessa de gelo' a mujer enamorada sin más No puede soportar que toda su vida anterior, llena de violencia y odio, carezca de sentido. Por eso se suicida». La apoteosis romántica -con el celebérrimo tema del 'Nessun dorma' como música de fondo- se trueca en un momento de sorpresa y horror.
Sea como sea, esta alteración no enmienda la plana a Puccini; el músico falleció antes de concluir la ópera y no dejó sino esbozos que, luego, se encargó de desarrollar con más o menos fortuna su discípulo Franco Alfano. Puccini sólo llegó a escribir hasta la muerte de la entrañable sierva Liù, «el personaje más cercano al corazón del propio autor», apunta Laka.
Tanta pasión tendrá un marco fastuoso gracias a la escenografía de Ezio Frigerio y el vestuario de Franca Squarciapino -ganadora de un Oscar en 1991 por 'Cyrano de Bergerac' y un Goya en 1997 por 'La camarera del Titanic'-. «El espectáculo está garantizado. Cómo será que el escritor Alessandro Baricco ha comparado esta ópera con los grandes musicales de Broadway».







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