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Bilbao Basket

LA OTRA CARA DE LOS PROTAGONISTAS DEL 'PLAY-OFF'
Asier Zengotita, alero: Mi amigo Messi
Compartió habitación dos años en La Masía con el astro argentino, al que llegó a lesionar en un partido furtivo

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Asier Zengotita, alero: Mi amigo Messi
RELAJADO. Asier Zengotita visitó ayer junto al resto del equipo el Spa Lasai de Bilbao. Por lo que se ve, le gustó. / FOTOS: BERNARDO CORRAL
Las luces del Camp Nou acaban de apagarse. Llama la atención el silencio que se puede percibir en un campo de fútbol vacío pese a estar rodeado por tres arterias barcelonesas en las que nunca falta el tráfico. Bajo la diagonal de la grada principal del templo culé, algunas luces desvelan la existencia de vida en las entrañas del templo. Allí se ubica La Masía, la residencia que da cabida a setenta proyectos de estrellas, venidos de los lugares más dispares. La claridad procede de sus habitaciones, en las que apuran la realización de alguna tarea escolar antes de dormir... en apariencia.

Ha pasado una hora desde que se decretó el simbólico toque de queda. El vigilante nocturno comienza una ronda que le aleja estudiadamente del epicentro de la actividad aún latente. Es la señal. Las puertas de las habitaciones se van abriendo y de ellas surgen sigilosas sombras. Se cuentan hasta veinte rastros camino del césped del Camp Nou. Como si tentaran a algún toro a la luz de la luna, los críos a los que la vida les ha postulado como aspirantes a cracks se posicionan a lo ancho del césped. El partido va a comenzar. Furtivos tras un balón, sin concesiones, como si las gradas estuvieran pobladas por miles de almas pendientes del juego. Apenas se ve, pero el instinto es el que maneja la situación.

De repente, una entrada a destiempo y una de las sombras más enjutas se desploma y tarda en levantarse. Vaya patadón se acaba de llevar el chaval argentino, ese renacuajo al que todos conocen por Messi. Al que pinchan cada semana para tratar de paliar su escasa talla. Circula el comentario de que tiene alguna enfermedad que le hace concentrar en el cuerpo de un querubín la sabiduría de un decano. Su 'agresor' se sienta a su lado, perturbado. Es uno de los cinco baloncestistas que suponen la excepción en la abrumadora nómina de futbolistas. Se llama Asier y es de Vitoria.

Toca disimular. Al día siguiente, Leo Messi llegó renqueante al entreno y a la primera oportunidad se desplomó dolido por el contacto con un compañero. 'Actors studio' en riguroso directo y tres días liberado del trabajo para que el tobillo vuelva a su ser. Si alguien se entera de lo que pasó en realidad...

Es una de las anécdotas que apunta Asier Zengotita de sus tres años de estancia en La Masía. Hijo de entrenador y con condiciones obvias para el baloncesto, el veneno no tardó en atraparle y el manejo de su progenitor supo tocar las teclas necesarias para que le surgiera la gran oportunidad. Aunque un año menor, era compañero de clase de Leo Messi en el colegio Bona Nova y durante dos cursos también compartieron la misma habitación. Le ve en televisión o esporádicamente cuando se encuentran o hablan y sigue percibiendo al mismo muchacho introvertido con el que vivía allí, en el Camp Nou. A aquel pequeñajo dotado, eso sí, de una fortaleza física descomunal. Sólo ellos, los de La Masía, saben lo que supone que el portal de tu casa sea la puerta número 68 de acceso al coliseo blaugrana. Suena casi a bilbainada.

Y sólo privilegiados como Zengotita han podido experimentar el ver y tocar allí, in situ, a los Kluivert, Rivaldo y compañía. O ser 'adoptado' por Jasikevicius, al que cayó en gracia cuando era el más pequeño entre los que acudían a ver las sesiones preparatorias de Aíto García Reneses. «Era un jugador extraordinario y me llevó un par de veces a comer a su casa», apunta emocionado el jugador del iurbentia. Como para olvidarlo.
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