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La conspiración del ruido
07.05.08 -

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No se sabe si el PP ha decidido cumplir el eslogan de «renovarse o morir» o cree más conveniente hacer las dos cosas a la vez. Algún día, no muy lejano, sabremos cuál ha sido su opción, aunque de ningún modo son incompatibles. De momento debemos conformarnos con los comentarios de los expertos en política interna o mediopensionista. Algunos creen que la marcha de Acebes deja las manos libres a Aznar, quizá para que pueda llevárselas a la cabeza con toda soltura. Otros consideran que la marcha del hasta hace un rato secretario general representa la exclusión del último vestigio aznarista. A pesar de mi confesada ignorancia en estas intrigas cortesanas, creo que se equivocan: el último reducto de Aznar es Rajoy, que fue nombrado por él.

Ahora todo son rumores y como nadie ignora, los rumores en España hacen un estrépito muy superior al que producen las noticias. La contaminación acústica, según los científicos, origina estrés y agrava los problemas neurológicos y cardiovasculares. Pues bien, podemos enorgullecernos de que somos, después de Japón, el país más ruidoso del mundo. A todo hay quien gana, pero no está nada mal ser el segundo en algo. Según la Organización Mundial de la Salud sufrimos niveles de decibelios insurgentes por completo inaceptables. Las cifras descienden ligeramente por la noche, cuando no sólo duermen los niños sino sus madres. Aquí las madres gritan mucho y no conformes con eso educan a su descendencia en el mismo sentido. «Dame un chiilliito» les dicen, y las criaturas lo dan. Saben que tienen más y no les importa desprenderse de uno.

Los rumores, los bulos y las confidencias hechas en voz alta están contribuyendo a la algarabía. Pronto podremos usurparle, por méritos propios, el primer puesto a Japón. No hay más solución que los tapones en los oídos o el haraquiri, que creo que es aún más molesto.
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