Este deterioro acelerado del empleo, reconocido por el vicepresidente Solbes, evidencia que si bien nuestra economía ha sido capaz de generar puestos de trabajo hasta niveles propios de los países más avanzados, también lo ha hecho sobre la base de un modelo excesivamente dependiente de la construcción y lastrado por una volatilidad que ahora refleja sus consecuencias. El superávit fiscal podrá mitigar el efecto de los nuevos costes sociales derivados del paro; pero el Gobierno, la patronal y los sindicatos están obligados a buscar fórmulas que animen el empleo en sectores productivos. En este sentido las declaraciones del ministro Corbacho, que ayer vinculó las expectativas inmediatas al esfuerzo que realicen las administraciones en la promoción de vivienda protegida y en la realización de obra pública, evidencian que el Gobierno debe clarificar en qué consiste a su entender el cambio en el modelo de crecimiento y cuál es la distribución competencial idónea para que el Ejecutivo central, las autonomías y los ayuntamientos contribuyan de forma armónica a la generación de puestos de trabajo.







