No parece, sin embargo, que se hayan dado estos equívocos. Los visitantes parecían contentos y le han puesto a las instalaciones una nota que roza el notable. Horarios, accesos, trato de los empleados Todo bastante bien. Lo cierto es que, si pasamos por alto la inquietante realidad que encierran, los cementerios son sitios muy civilizados. Los anglosajones lo saben y muchas veces los integran en las ciudades y los usan como parques.
Nuestros cementerios están bien y eso es bueno. Lo malo es que resulta complicado encontrar un hueco en ellos. En Derio y Deusto la disponibilidad de panteones es prácticamente nula y, según parece, al 24% de los encuestados le gustaría instalarse en uno, eso sí, cuando no quede más remedio.
Los bilbaínos tenemos que elegir entre la cremación o el nicho. A favor de la primera hay razones poderosas, como que resulta barata o que, con las cenizas, hoy se hacen cosas muy raras, desde lanzarlas envueltas en fuegos artificiales hasta confeccionar joyas para el collar del caniche. Sin embargo, todavía hay quien prefiere el clásico panteón. Quizá sea por apego a las tradiciones. Tal vez porque el único amor que va realmente más allá de la muerte es el amor por la propiedad inmobiliaria, aunque ésta dure sólo cincuenta años.




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