
LA PROMOCIÓN
Abel Galloso es el propietario del tercero C y está «desesperado». La habitación donde está la viga dañada ha sido desalojada «porque tenemos miedo hasta de entrar». Es consciente de que, si algún día cede, el daño puede ser irreparable. Se llevaría la habitación de matrimonio, otra estancia y, al menos, uno de los baños. «Y eso siempre y cuando no ocurra de noche, porque entonces también nos vamos en el lote mi mujer y yo, pero preferimos no pensar eso; ni dormiríamos», reconocía ayer.
Este vecino se percató de lo que ocurría al reparar los últimos desperfectos ocasionados por el abombamiento en la fachada. Para evitar problemas similares en el futuro, decidió instalar un tabique de pladur independiente de la pared, «que no se rajase si ésta vuelve a abrirse». Pero antes tuvo que quitar los ladrillos originales. Fue entonces cuando descubrió una grieta que avanza a lo largo de toda la viga de apoyo del suelo de la casa y que gira peligrosamente hasta cruzar casi la mitad de sus 50 centímetros de grosor. «Si crece un poco más, el tramo en voladizo del piso se derrumba», aseguró.
Como ya está acostumbrado a tratar con arquitectos tras ganar dos juicios a la constructora Tecsa-Jaureguizahar, llamó a una profesional que le corroboró los peores augurios. «Me ha asegurado que la viga cederá seguro, mañana o dentro de un año». Posteriormente le visitaron los técnicos municipales, «que también creen que el suelo se podría caer». De ahí que el área de Urbanismo haya remitido a la comunidad vecinal la orden de apuntalar la zona de forma «inmediata».
La casa «se mueve»
Los residentes achacan la nueva deficiencia a problemas de construcción del edificio, «que no para de moverse en sus cimientos y se rompen fachadas y vigas». Por eso reclamaron la realización de mejoras. «Pero vino su arquitecto y restó importancia a la grieta, eso sí, sin comprometerse por escrito a garantizarnos que no se va a caer», lamentó Galloso.
El alcalde en funciones, Francisco Ruiz, aseguró ayer que entiende la preocupación vecinal, pero insistió en la necesidad de evitar riesgos. «Según los arquitectos municipales, la grieta de la viga supone un peligro real y, aunque no se caiga mañana, no podemos permitir que un desprendimiento dañe a una persona», subrayó. El pasadizo bajo el edificio es muy transitado, ya que cerca está la puerta de acceso a la ikastola Asti Leku, donde estudian 1.500 niños. «Si es necesario, vallaremos la zona y giraremos los costes a la constructora», anunció.









