El apoderado Juan Otermin cree que es fundamental tener todos los datos sobre la mesa para medir y reaccionar ante el rechazo popular, algo que conoce bien por su experiencia como concejal en Erandio. «Hay que actuar con mucho cuidado para que no vuelva a pasar lo mismo que en el caserío Madarias. En aquel momento, la gente estaba preocupada por los incidentes que habían protagonizado chavales acogidos en Loiu. Hubo algunos fallos de comunicación, pero los métodos que se emplearon fueron durísimos», recuerda.
Nerea Llanos, del PP, también se muestra prudente. «Da la impresión de que van a abrir un centro grande y creemos que estos equipamientos son contraproducentes para los propios menores, aunque es verdad que tienen que ubicarse en algún sitio», afirma. Los populares van a pedir información sobre «el número de plazas, el de educadores y cuál será el perfil de los menores. Es muy diferente abrir un centro como el de Artxanda que uno con un proyecto educativo», subraya Llanos. Su compañero Arturo Aldecoa mantiene que, en todo caso, este servicio no debe afectar a la totalidad de la finca de Oihanberri.
Los terrenos abarcan 22 hectáreas y el caserío que se está reformando, junto a otro edificio de menores dimensiones, están en una parcela de 9.600 metros cuadrados. Aldecoa cree el resto del espacio puede convertirse en «un gran parque que sirva de pulmón a la margen derecha y Uribe Costa», dada su «riqueza forestal. Además de coníferas, hay frondosas como castaños, cerezos o tuliperos, praderas y algún estanque», describe.
Ezker Batua, por su parte, se reafirmó ayer en su apuesta por los centros de menores dimensiones para la integración de los inmigrantes. La apoderada Ana Telleria considera que «los resultados son mucho más eficaces y positivos cuando se trabaja en pisos pequeños».











