
Sin embargo, ¿cómo se explica que sólo se pongan siete multas diarias y que este periódico, en menos de una hora, haya detectado cuarenta infracciones? El concejal asegura que a la hora de expedir una 'receta' «todo de-pende de lo que se esté obstaculizando el tráfico. No es lo mismo dejar el coche un momento en una calle muy ancha sin problemas de circulación, a hacerlo y provocar un atasco». Es de-cir, «hay que ser tolerante», guiarse por un principio de proporcionalidad y, al fin y al cabo, no ensañarse con actitudes en las que cualquier conductor ha caído alguna vez.
En este sentido, «desde la unidad de Tráfico hay que concienciar a la gente de que la doble fila debe ser una conducta muy puntual y no habitual». Guiado por esta filosofía, Bully reconoce que las autoridades están siendo especialmente permisivas con este tipo de infracciones en la zona centro, porque las omnipresentes obras han arrebatado buena parte de las zonas de aparcamiento.
Además, si la Policía Local se pusiera especialmente rigurosa cualquiera pensaría que le domina un ánimo recaudatorio, sospecha que Bully rechaza de plano. «Lo que no queremos es que los agentes municipales se conviertan en una unidad de recaudación», responde tajante. «El objetivo no es recaudar, sino educar y disuadir».
Recorrido aleatorio
Para potenciar esta labor disuasoria, el Ayuntamiento ha establecido una variación en el funcionamiento del 'multacar'. Desde el verano pasado ya no sigue una ruta prefijada sino que «su recorrido es aleatorio», lo que obliga a los conductores más despreo-cupados a medir sus infracciones.
Eso sí, su horario se mantiene: de 11 a 14 horas y de 17 a 20. Es decir, cuando hay más riesgo, casi certeza, de congestiones.





