
«La clave no era la mía -aclaró ayer el máximo responsable del Guggenheim-. Inicialmente pensamos que la había usurpado, pero ha ocurrido otra cosa», que no desveló amparado en el proceso de investigación interno. Además de en 2005, el ex responsable de las cuentas del museo empleó el método de la transferencia en abril de 2004 -se hizo con 28.500 euros-, dentro de un desfalco que en siete años ascendió a 487.000 euros.
Antes que Vidarte compareció en la comisión de Cultura el presidente del Tribunal de Cuentas, Jesús Álvarez, que estuvo acompañado del auditor-jefe de la institución, Miguel Ángel Astiz, y de José Ángel Quintanilla, ponente de la auditoría de 2001 sobre el Guggenheim, que fiscalizó la construcción del museo, la selección de contratistas y la compra de obras de arte.
Astiz desveló que el Tribunal de Cuentas llamó por teléfono al Guggenheim quince antes de que enviaran la carta al museo, recibida el 3 de abril, para pedirles los extractos bancarios y otra documentación de la Tenedora para fiscalizar la tesorería de esta entidad en relación con la compra de dólares en la que el Guggenheim ha perdido hasta finales de 2007 más de siete millones de euros.
Manipulaciones
Cearsolo era la persona que reunía esos papeles cuando los requerían los auditores para sus informes -así lo afirmó Vidarte en la rueda de prensa en la que destapó el desfalco-, por lo que dispuso de al menos esas dos semanas para manipular extractos bancarios e incluso para destruir partes de los libros de contabilidad, como después se ha demostrado, antes de coger la baja por depresión el 2 de abril, un día antes de que llegara la notificación oficial de TVCP al museo.
El propio ex director de finanzas se autoinculpó en una misiva a Vidarte de «alterar las cuentas de 2005 al objeto de que no fuera detectada la apropiación» de fondos. Pero el informe interno del Guggenheim sobre este caso va más lejos y constata que Cearsolo había «arrancado» las hojas mencionadas de los volúmenes contables referidos a las sociedades Tenedora e Inmobiliaria, las dos de las que sustrajo fondos. También cambió a mano la numeración de las cuentas en los libros y modificó recibos de los bancos. En la carta a Vidarte, fechada el 9 de abril, confesaba que no podía «aguantar más con la situación».
La llamada previa a la petición formal del Tribunal de Cuentas es un procedimiento corriente en esta institución para «coordinar fechas y horas» de entrega de la documentación, detalló Astiz. El Tribunal ha recibido parte de los documentos requeridos, mientras que el resto está aún por llegar cuando ha pasado ya un mes desde el recibo de la carta.
Vidarte declaró que, de acuerdo a la investigación interna del museo, no se habían detectado más irregularidades provocadas por el autor confeso del desfalco en los años 2002 y 2003. En este caso, el propio listado que facilitó Cearsolo en su confesión ya detallaba que en esos dos ejercicios no realizó ningún movimiento irregular en las cuentas.
Los desvíos de fondos más importantes ocurrieron en 1998, por medio de talones que sumados alcanzan los 160.000 euros, y en 2005, con diez transacciones que rozan los 194.000 euros. El ex director financiero llegó a firmar a su favor cheques de cuentas de la Tenedora.






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