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Cultura

INGLATERRA
El monstruo de Kent
Una marca artística creará la identidad de una nueva ciudad

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El monstruo de Kent
GIGANTESCO. Recreación del monumental caballo de Wallinger.
Del valle de Ebbsfleet sólo habían oído hablar los conocedores del paisaje del sur de Inglaterra. Fue un lugar de asentamiento neolítico, hay huellas romanas y, por la desembocadura cercana del Támesis, entraron los anglosajones. Luego, hubo cementeras, almacenes.

En dos décadas, habrá en el valle 10.000 nuevas casas, un centro comercial, parques y una estación del tren Eurostar, que comunica Londres con París. Ayer, desde la bellamente remozada estación londinense de St. Pancras hasta la estación de Ebbsfleet, el tren tardó diecisiete minutos.

Los promotores del proyecto de regeneración urbana presentaban las cinco propuestas elegidas en el concurso internacional para crear una gran marca, «un punto de reconocimiento y de familiaridad».

El grupo de promotores inmobiliarios decidió utilizar el arte como una afirmación cultural y también como reclamo comercial. El espacio elegido es un promontorio del valle, visible desde la vía de tren y la carretera.

La propuesta más sonada es la de Mark Wallinger, que propone la construcción de un caballo blanco que dejaría enano el toro de Osborne. El purasangre de Wallinger tendría 33 veces el tamaño de un caballo normal. Los purasangre fueron el producto de un cruce entre yeguas inglesas y sementales árabes. Kent tiene como símbolo un caballo blanco. Y la palabra inglesa para este animal, 'horse' se deriva del nombre del mítico líder de los anglosajones, Horsa. Wallinger se deleitaba ayer describiendo su imponente propuesta como «un caballo en el campo».

Otros proyectos

Christopher Le Brun propone un disco de evocación lunar y romana que crece de la tierra. Rachel Whiteread levanta una montaña con desechos y coloca en la cumbre uno de sus moldes de casas victorianas, recordatorio de comunidades desaparecidas. El francés Daniel Buren lanza hacia el cielo un haz de luz visible desde cincuenta kilómetros más allá y en torno a su foco construye un espacio simple y sacro. Y Richard Deacon rememora las marcas neolíticas con una estrutura de moldes superpuestos y vacíos que dialoga con los postes eléctricos que circundan el solar. El fallo será en otoño.
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