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Responsabilidad
08.05.08 -

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En el debate sobre el desfalco del museo Guggenheim Bilbao no se debería andar por las ramas. Es decir, no se trata ahora de discutir si el Tribunal Vasco de Cuentas Públicas hubiera podido detectar el fraude o si la inexistente auditoría habría encontrado o no las pruebas fehacientes del delito. Tampoco es cuestión, como dice su director general, de extender la sombra y la mancha de la sospecha sobre el resto del equipo profesional que dirige la pinacoteca bilbaína.

Porque, simplemente, de lo que se trata, pese a quien pese, es de constatar que hubo un grave fallo de gestión, cuya plasmación concreta no fue otra que la falta de mecanismos de control directo en la Sociedad Tenedora y la negativa a realizar auditorías. Algo que no habría impedido con total garantía las fechorías de un empleado desleal, pero que al menos hubiera dejado parcialmente a salvo la responsabilidad directa y culposa de los gestores y las instituciones.

Además, existiendo como existen unos informes del Tribunal Vasco de Cuentas en los que se ponía de manifiesto la necesidad de dotar de transparencia a la sociedad Tenedora para mejorar la gestión, queda aún más claro que la falta de atención a esa recomendación acrecienta la responsabilidad. Así pues, se podrá esgrimir inútilmente saña e instrumentación política con este triste asunto, pero la confianza ciega en un defraudador, la ausencia de controles y la decisión de negarse durante muchos años a la auditoría de la Tenedora sólo es responsabilidad de quien la tenía.
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