
Su 'spanglish' le definió ya entonces. Un tipo inquieto, curtido en la vida y el deporte, como corresponde a un jugador con espíritu de emigrante. Dejó atrás los convulsos Balcanes para perseguir el sueño americano. Su destino, envidiable. La Universidad de Hawai se rindió a sus cualidades atléticas y a su instinto asesino. Fichó a un tirador que hizo historia en el campus de Manoa, del que salió aclamado, elevado al estatus de héroe, despedido con minutos y minutos de aplausos que conmovieron su granítico ego.
Era el colofón a cuatro años en los que hubo de todo en su etapa en Honolulu. Un escenario de película, una buena educación saldada con la licenciatura en Finanzas y Negocios internacionales, el modo de vida americano en versión 'ohana' y momentos en los que tuvo que sacar a relucir sus dotes de superviviente. Que el balance resultó positivo se vislumbra en cuanto habla de Estados Unidos y las posibilidades de futuro que ve en el país de las barras y estrellas. Aunque sería mejor decir en el dinero procedente de tan emprendedora nación.
El dinero es un argumento latente en la vida de Pedja Savovic. Cuando no lo tuvo, por cómo lo buscó. Como universitario, estaba prohibido que cobrara o recibiera retribuciones de cualquier tipo por jugar al baloncesto. La beca de la Universidad de Hawai incluía la matrícula del curso -más de 20.000 dólares anuales-, la manutención, alojamiento y material, tanto para los estudios como para la práctica deportiva. Su familia bastante hizo con posibilitar que cruzara el charco. Así que se sacó un título de inspector de obras civiles.
Bostezos y desayuno
A las cuatro de la mañana sonaba el despertador para poder cumplir con la tarea antes de entrar en clase. Se encargaba de verificar el estado del hormigón y los encofrados y la calidad de los asfaltos. In situ, a pie de obra y en los laboratorios adonde remitía las catas tomadas sobre el terreno. Un trabajo a tiempo parcial y no espectacularmente remunerado que le permitía asumir sus gastos personales. No daba para mucho más porque tuvo que completar un cuatrienio sin volver a Europa, a casa. Cuando lo hizo llevaba ya bajo el brazo un contrato con la NBA (Denver) y le dio el relevo en el camino a su hermano, que también buscó su particular Eldorado. Evoluciona, pero no olvida. Ahora, cuando regresa a Hawai, no se salta la visita a los obreros con los que compartía bostezos y desayuno.
Ahora que saborea sus últimas temporadas en activo, su situación económica está saneada y piensa en el futuro bajo la lupa de un experto en finanzas. Está estudiando un Master CFA, que explica como herramienta en el asesoramiento de inversiones. Se ve con un buen traje en otro parqué ajeno al del baloncesto. El de la bolsa. De Bilbao, por qué no. Ya la conoce y 'le pone' la excitación cuando pasa 'algo'. Cree que puede ofrecer, con el tiempo, buenos argumentos para que otros deportistas profesionales le confíen parte de sus haberes. Por prepararse, estudiar y practicar no está quedando. Eso sí, no dice toda la verdad cuando relativiza el enganche que tiene a la conexión con la bolsa virtual, para verificar cómo van las entidades bancarias que utiliza como laboratorio de pruebas en el Ibex. Últimamente está contento. Parece que le ha caído algún pellizquito. La sonrisa le delata.





