
Y es que para los habitantes de La Arboleda el reloj de su iglesia es un símbolo de orgullo. Razón de más para querer conservar en su barrio el centenario ingenio, a pesar de sus inconvenientes. «La verdad es que repararlo era la opción que menos le gustaba al relojero», advirtió Souto.
Y es que con la puesta a punto del mecanismo seguirá sin solucionarse el principal motivo que propició que se detuviera: la necesidad de darle cuerda. Un inconveniente que se agrava si se tiene en cuenta que para hacerlo es necesario subir cada tres días los 78 escalones del campanario de la iglesia María Magdalena.
Esta labor antes recaía en un vecino septuagenario, pero ya no puede hacerlo por razones de salud. Ahora será un funcionario quien tendrá que asumir esta responsabilidad, aunque el Consistorio todavía no se ha decidido por nadie.





