
El simulacro se hizo 'de puntillas', sin avisar, como ocurre cuando es real. Pese a que desde la megafonía del aeropuerto se alertaba minutos antes de que se iba a producir un accidente simulado, algunos usuarios se quedaron «de piedra» al ver el despliegue y siguieron con interés su desarrollo durante un rato desde las cristaleras del aeródromo de Loiu.
Eran las 10.44 horas de una mañana «completamente normal» en el aeropuerto cuando, al tiempo que se escuchaba la última llamada para los pasajeros con destino Sevilla, ocurrió lo que ya estaba previsto. Un fuego provocado en dos contenedores emuló un incendio en una supuesta aeronave comercial «con 168 personas a bordo que ha realizado un aterrizaje brusco debido al viento sur». En pocos segundos, una densa columna de humo envolvió una zona de hierba en la que el 'aparato' había quedado varado, justo en la intersección entre dos pistas. Sin aspavientos, un aviso de la torre de control movilizaba a todo el personal del aeropuerto, que activaron el plan de emergencia de manera discreta.
Un minuto después, dotaciones del cuerpo de bomberos que tienen su base en el propio aeródromo irrumpían en la pista para frenar las llamas. Un portavoz de Aena incide en la importancia de regular los accesos a la pista «para no saturar la zona». «Según vayan calibrándose las necesidades, el puesto de mando irá autorizando el paso de ambulancias y otros servicios que llegarán hasta las inmediaciones del lugar», comenta.
Cada tres años
Aún con el 'fuselaje' del avión ardiendo al punto de impedir el acceso a la nave por las puertas y salidas de emergencia, los bomberos sofocaron las llamas en cuestión de segundos. Treinta viajeros -figurantes- ponían tierra de por medio sin sufrir aparentes daños, mientras varias ambulancias invadían la zona y atendían a los heridos. La lista de bajas abruma: seis muertos y cinco heridos de gravedad. Afortunadamente nada era real, pero las cifras no desentonan de lo que podría suceder ante una situación así.
Periódicamente todos los cuerpos de emergencia que atienden este tipo de sucesos -desde el personal de 'La Paloma' hasta los grupos dependientes de SOS Deiak, pasando por las fuerzas de seguridad- realizan entrenamientos que les ponen a prueba, pero no siempre trabajan conjuntamente en un ensayo general como el de ayer.
«La prioridad es salvar vidas. Después se intenta proteger los bienes materiales y, en la medida de lo posible, reanudar la actividad aérea cuanto antes», explicaron fuentes del aeropuerto de Loiu, por el que pasan a diario 150 vuelos. Lo hacen cada tres años en un intento de adecuarse a la normativa internacional sobre seguridad y para testar «la eficacia del plan de emergencias del aeropuerto y la capacidad de reacción de los equipos externos».
El simulacro finalizó bien entrado el mediodía y tras varias horas en alerta. Cinco ambulancias, dos UVI móviles, nueve vehículos de extinción de incendios y media docena de coches de seguridad abandonan la zona donde se ha recreado la tragedia y la pista, ya limpia y sin rastro del accidente, recupera la normalidad. Probablemente muchos piensen que, desde ayer, 'La Paloma' es un poco más segura.












