Veinte horas de vuelo, seguidas del pertinente cambio horario y empalmadas con maratonianas jornadas de trabajo en un escenario desconocido hacen mella en cualquiera. Menos en Yasuhisa Toyota. Ayer por la tarde, en su segunda y última jornada en Vitoria, cuando descubría las tripas de Santa María y surcaba las calles del Casco Medieval, el ingeniero japonés y su cámara digital no perdían detalle de nada. «¿Está cansado?», le preguntó un técnico municipal, convencido de que sería así. «¿Cansado? No. Estoy muy feliz», respondió sonriente, antes de aceptar una invitación espontánea, mientras paseaba por la calle Zapataría, para conocer la actividad Escuela Municipal de Música.
Y es que además de especialista en acústica, el técnico es músico. «Sólo amateur», matiza. Toca el saxofón y el oboe y, por supuesto, es todo un melómano. «Sobre todo, de música clásica. Me apasionan Beethoven, Mozart, Brahms, Debussy... También me gusta el pop, pero como música de fondo».
Los compositores clásicos son, junto a la comida, dos de sus debilidades. Por eso, ayer disfrutó de lo lindo con el plato de ibéricos, la morcilla o las patata alavesas que le sirvieron en el remozado El Portalón. Tendrá tiempo de más. Su contrato dice que estará de vuelta en Vitoria, al menos, 79 veces más en los próximos años.