
-Cuidar con sensibilidad. ¿Acaso es posible hacerlo sin ella?
-Puede resultar en cierto modo reiterativo, pero busca hacer hincapié en la importancia del cuidado. Aunque la palabra cuidar se ha trivializado, sigue siendo una actitud humana fundamental, que tiene que ver con los sentimientos del que cuida y también del que es cuidado. Es, en definitiva, la relación que debemos tener hacia todo lo valioso y vulnerable. Y como valiosos y vulnerables somos todos, todos necesitamos que nos cuiden.
-Dígame las claves.
-En primer lugar, la atención, entendida en el sentido de dar a la persona aquello que en un momento dado necesita, de tener atenciones con ella. En segundo lugar, la compasión, el sentirnos afectados por el dolor del otro. Y, además, la empatía para poder ponerse en el lugar de la otra persona. Y, como eje de todo ello, el respeto.
-¿Y todo esto se enseña en escuelas y facultades?
-Se está empezando a tomar en serio ahora. En una profesión como la enfermería se ha tenido siempre muy presente. El médico ha sido siempre el encargado de tratar y la enfermera, de cuidar. Pero sería importantísimo que esto se impartiera en todas las facultades de Medicina.
Formación emocional
-¿Se refiere a una asignatura del tipo 'Educación para los afectos'?
-Eso es. El valor de los sentimientos es imprescindible en la vida, pero desde el punto de vista laboral existen también algunas profesiones -como la enseñanza, la medicina o la judicatura- que tratan de una manera muy directa con el ser humano. Y, por lo tanto, deberían tener una formación emocional muy importante.
-Para el enfermo, ¿pueden resultar el afecto y el cuidado tan determinantes en un momento dado como un tratamiento adecuado?
-Un médico le diría que una operación no la puede suplir ningún cuidado. Pero el cuidado sí puede aumentar los recursos del enfermo para enfrentarse con su patología. Ayuda a quitar el miedo y la desolación, a superar un momento duro, a recuperar una forma noble de vivir.
-Luego la ciencia y los avances tecnológicos no son suficientes por sí mismos.
-No, porque pueden producir una medicina eficaz, pero muy deshumanizada. Los últimos estudios revelan que el 60% de los pacientes que acuden a consultas psicológicas o psiquiátricas tendrían que ser atendidos por otros especialistas. Lo que ocurre es que el único sitio donde les van a atender, a escuchar, es allí. Si todos los médicos tuvieran el sentimiento de que no sólo van a tratar, sino también a ayudar, a una persona, estaríamos aumentando la calidad de todo el sistema sanitario.
-Es lo que usted llama una «maternalización» de la sociedad.
-Sí. Vivimos en una sociedad muy áspera, muy dura, con muchos momentos hostiles. La técnica, aunque necesaria, es abstrata e impersonal. Fijémonos en la relación madre-hijo. Encarna el verdadero sentimiento del amor, ése que exige trabajo y entrega porque la felicidad de otra persona pasa a ser un componente de tu propia felicidad.
-Me viene a la cabeza el doctor House de la serie televisiva.
-Es un peligro que hay que tener en cuenta. Tiene una gran pericia técnica, pero adolece de un preocupante desprecio hacia el paciente. La fascinación por la ciencia, el conocimiento, los avances científicos puede llevar a que nos olvidemos de que lo realmente importante son las personas. Los médicos han perdido una parte importante de su formación humanística. Es muy duro todo lo que tienen que estudiar, pero deben tener conciencia de que se puede estar pervirtiendo la medicina de puro éxito.
-La audiencia, sin embargo, está literalmente 'enganchada' a este personaje.
-Esa especie de atractivo en una persona tan sumamente dura es peligroso. El culto a la eficacia es un problema en todo. Necesitamos tener humildad hacia lo que estamos haciendo.





