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Anticiclón sobre Los Ángeles
El 2-0 permite a los Lakers viajar con holgura a la cancha más hostil de la NBA, mientras New Orleans empuja contra las cuerdas al campeón
09.05.08 -

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Anticiclón sobre Los Ángeles
UNA GRAN PAREJA. Kobe Bryant y Pau Gasol celebran una canasta del primero. / REUTERS
A las semifinales de cada conferencia en la NBA han llegado los cuatro equipos que debían estar, pese al amago de motín generacional protagonizado por Atlanta durante la primera ronda. Los jóvenes halcones (hawks) de alto vuelo y piernas frescas sembraron la duda en los veteranos Celtis. Boston, que se ha ganado el derecho a soñar tras su último título hace veintidós años, pasó el cruce de líder contra octavo gracias a sus cuatro triunfos incontestables en casa para responder a las tres derrotas sumadas en el estado de Georgia. Salvo ese apunte de sorpresa con mayúsculas, el diagrama de las eliminatorias es el mismo que se pensaba al comienzo de la temporada.

Más aún. A base de apurar allá por el mes de noviembre, cabría predecir un San Antonio-Lakers y otro Boston-Detroit en la antesala de la final. Pero he aquí, ya avanzado el cuadro, donde alguna pieza tal vez no encaje en el puzzle. Los Hornets de Nueva Orleans, abejorros al mando del nombrado mejor entrenador de la Liga (Byron Scott), se merecen un crédito sin límite tras superar de forma holgada el honorable reconocimiento de conjunto revelación.

De momento han sacado la escoba del armario para barrer (2-0) al vigente campeón, San Antonio, por diecinueve y diecisiete puntos respectivamente. Al mando del ya seguro mejor base del mundo, un joven Chris Paul con el aguante físico de su generación y el aplomo mental de la anterior, New Orleans ha pasado por encima de San Antonio, el mejor equipo de la última década con cuatro anillos desde 1999. Tyson Chandler, un pívot alto y rápido con una ética de trabajo irreprochable, ha dividido entre dos los tradicionales veinte puntos de Tim Duncan. Y los Spurs, en la pérdida de brillo de su estrella, ceden parte de su fulgor, pese a pavonearse con razón de ser uno de los pocos equipos que actúa como tal.

En dos frentes

Visto desde la distancia, la amenaza de eliminación de San Antonio -hasta el rabo todo es toro- resulta para los Lakers una noticia casi tan agradable como la propia marcha de su eliminatoria frente a los Jazz. La noche en que el Staples Center se alborozaba por el justo premio de jugador más valioso para Kobe Bryant -el mejor del mundo, un solista formidable que por fin ha asimilado el concepto de grupo- los Lakers abrían frente a Utah una zanja difícil de salvar (2-0 tras un primer 120-110 y el reciente 109-98). Anticiclón sobre Los Ángeles.

¿Pau? En su línea, poco ruido y suficientes nueces, hacedor de números con la barba. Imprescindible para Phil Jackson, juega más que nadie (41 minutos), tiempo que le da para facturar diecinueve puntos, ocho rebotes y cinco asistencias. Todo ello sin abandonar su imagen de frialdad, un asunto para el debate.

Renta inmejorable

Así pues, los Lakers se han cobrado una renta inmejorable para visitar el Energie Solutions Arena, el Delta Center de toda la vida, el pabellón conocido como La Roca. Es el territorio más hostil de la NBA, donde los Jazz han ganado 37 de los 41 partidos disputados esta temporada en la fase regular. Ya en los tiempos gloriosos de Stockton y Malone, sus gradas de asientos verdes eran un infierno para los rivales. Niguna comunidad como la mormona de Salt Lake City respalda con tanto ruido a una franquicia de la NBA.

El pabellón supone un activo de primer orden para los Jazz, que a ese peligro unen el baloncesto riguroso y duro que programan cada noche desde hace veinte años, las dos décadas de Jerry Sloan al frente de su banquillo. Aquel mito defensivo de los setenta que triunfó en Chicago Bulls ha trasladado su ideología a Salt Lake City. Allí no existen las renuncias, sí el compromiso y la lucha. Amparados en Deron Williams, base fuerte que con Paul jubilará a quienes han dominado el baloncesto desde ese puesto, y en Carlos Boozer, rodeados de guerrilleros con físico y la mano santa de Okur, los Jazz hubieran representado una bomba de relojería con el 1-1 en la serie. A expensas de la previsible somanta de golpes que recibirán Pau y los suyos en Utah, los Lakers marchan al ritmo de su historia.
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