Javier Uría, el fallecido presidente del Athletic de Bilbao, convirtió una pequeña firma familiar en una constructora de renombre, muy aferrada a las obras públicas dentro del País Vasco. La rumorología urbana, que tiene siempre algo de exageración pero también algo de cercanía con la realidad, adjudicó a las 'influencias políticas' de Uría buena parte del éxito en el desarrollo de la compañía. Su militancia en el PNV y, sobre todo, sus estrechos lazos con los dirigentes del partido y de las instituciones públicas gobernadas por los nacionalistas eran un secreto a voces.
Se ha sostenido en esos mismos medios que, tras la muerte de Uría, los 'favores' de la Administración vasca disminuyeron prácticamente a la misma velocidad que habían surgido, lo que obligó a los directivos de la empresa a buscar otras vías de negocio, fuera del País Vasco, para mantener los deseos de crecimiento. Ignacio Ugartetxe, también ex presidente del Athletic y que se hizo cargo de la gestión de la empresa a la muerte del fundador, se ha visto atrapado por la burbuja inmobiliaria. La mezcla de alto endeudamiento y parón en las ventas es como la suma de gasolina y fuego.







