
Marzo de 2006. ETA declara un alto el fuego permanente tras cerca de dos años de conversaciones discretas entre destacados dirigentes socialistas y de Batasuna. El anuncio de la banda genera enormes expectativas. Se habla de que la paz está más cerca que nunca, de que los cimientos del proceso son «muy sólidos» y de que no hay vuelta atrás. Unos meses después, en pleno verano, el escenario ha cambiado de forma radical. Las negociaciones entre el Gobierno y ETA están empantanadas. Llegan los primeros signos de alarma.
La reunión celebrada a primeros de julio en el hotel Amara de San Sebastián entre una delegación del PSE -Patxi López y Rodolfo Ares- y otra de la izquierda abertzale -Arnaldo Otegi, Rufi Etxeberria y Olatz Dañobeitia- no soluciona nada. Un gesto de cara a la galería. Los socialistas empiezan a percatarse de que las posturas más posibilistas defendidas por Batasuna son sustituidas por discursos ortodoxos en los que se reclama la territorialidad y el derecho a decidir. A mediados de agosto, ETA emite un duro comunicado.
A pesar de todo, el PSE y Batasuna apuestan por dar un paso adelante y reunirse para avanzar en el diálogo entre partidos, algo que no estaba previsto realizar tan pronto. Invitan al PNV, al considerar que su presencia es clave para lograr una solución duradera.
Se barajan distintos lugares: hoteles, restaurantes... Se opta por la discreción de unas dependencias en el Santuario de Loyola, en Azpeitia. La primera reunión se celebra alrededor del 20 de septiembre. Después vendrían una decena más.
Al recinto guipuzcoano acuden por parte socialista Jesús Eguiguren y Ares; por el PNV, Josu Jon Imaz e Iñigo Urkullu; y Otegi y Etxeberria por Batasuna. A los dos miembros de la izquierda abertzale se les suman en alguna reunión Dañobeitia y la también dirigente Arantza Santesteban.
Las conversaciones progresan a pesar de que los obstáculos y recelos no sólo persisten, sino que aumentan. A finales de septiembre, tres encapuchados aparecen armados en nombre de ETA en el monte Aritxulegi. Los síntomas no son buenos, pero se comienza a elaborar un primer borrador.
Los puntos más problemáticos se solventan con ciertas dosis de ambigüedad. Los socialistas respaldan una fórmula sobre el derecho a decidir en la que se afirma que se respetará la «voluntad de la sociedad vasca», pero respetando el «ordenamiento jurídico vigente». Los miembros del PNV aceptan la premisa del respeto al marco legal, pero dejando claro que no tiene porque ser el actual. Es decir, abriendo la puerta a una modificación estatutaria o constitucional que incluya un hipotético derecho a decidir. Batasuna mantiene una doble actitud: no se cierra a un acuerdo pragmático, pero insiste en sus posturas más radicales.
Respecto a Navarra, las posturas son muy divergentes. Los socialistas no ven mal la creación de un órgano político entre la comunidad foral y Euskadi, pero recalcan que la última palabra la deben tener sus compañeros del PSN y que tiene que ser un ente sólo consultivo. Batasuna exige que tenga poder ejecutivo, algo que también rechaza el PNV.
En otros puntos, sin embargo, hay consenso. Todos coinciden en que si hay algún tipo de pacto se tiene que materializar en «ausencia de violencia»; se baraja la posibilidad de celebrar una conferencia de paz a principios de diciembre en San Sebastián organizada por Eusko Ikaskuntza; y se acuerda que del documento final -que no llegó a existir- se haga una única copia y se deposite en el Vaticano.
Robo de pistolas
A mediados de octubre se produce un 'impasse'. Las tres partes se dan un tiempo para estudiar todos los borradores presentados. La sensación es que quedan muchos flecos por arreglar pero que hay posibilidades. El 15 de ese mismo mes, Patxi López asegura a este periódico que «estamos cerca de un acuerdo histórico para acabar con 40 años de violencia».
En apenas unas semanas, todo se va al traste. Batasuna retoma las negociaciones en su formato más duro: territorialidad plena -Estatuto común para Euskadi y Navarra- y derecho a decidir. PSE y PNV no aceptan. Para entonces, ETA ha robado 350 pistolas y revólveres en Francia.
A mediados de noviembre todo salta por los aires. Nadie modifica sus posturas. Iñaki de Juana reinicia su huelga de hambre. La negociación política queda estancada. La esperanza es que haya avances entre el Gobierno y ETA. El 30 de diciembre una furgoneta bomba destroza la T4 de Barajas y acaba con la vida de Carlos Alberto Palate y Diego Armando Estacio.







