En una entrevista en EiTB, el líder del EBB dejó claro el espíritu que, a su juicio, debe reflejar ese nuevo acuerdo sobre el estatus vasco que el lehendakari pretende alcanzar de tú a tú con el presidente del Gobierno, aunque éste ya le ha emplazado a olvidar las «aventuras» y alcanzar antes un pacto previo y plural en Euskadi. Para Urkullu, el hipotético entendimiento debe pivotar en torno a los «derechos históricos» -la verdadera esencia del autogobierno, según dijo- y dejar claro por lo tanto que Euskadi no está «supeditada» a España. «Hablamos de bilateralidad, de que nadie se imponga sobre nadie», apostilló el líder peneuvista, que subrayó que ése es el concepto de autogobierno «del siglo XXI».
De hace dos siglos
Con esa idea entroncan, según dijo, los principales contenidos de las conversaciones de Loyola, entre los que citó el reconocimiento de la «identidad nacional del pueblo vasco», la posibilidad de incorporar el respeto a la voluntad popular al ordenamiento jurídico -es decir, la articulación práctica del derecho a decidir- así como el concepto de territorialidad. También subrayó que la persistencia de la violencia de ETA no debería ser obstáculo para avanzar en la 'hoja de ruta' porque, argumentó, «queremos resolver un problema político de hace dos siglos y somos las formaciones políticas en exclusiva las que tenemos capacidad de hacer y hablar de política». De hecho, la apelación a Loyola pretende poner en evidencia a Zapatero ante su eventual negativa a negociar algo que sí estaba dispuesto a considerar en período de tregua.
Urkullu replicó a la vicepresidenta De la Vega y recalcó que el PNV no ha tomado «un tren que no sabe a dónde va» ni se ha embarcado en «aventuras», sino que quiere ejercer de «locomotora» de un acuerdo multipartito, mientras el PSE, reprochó, «está esperando a ver si suena la flauta» y repite en autonómicas sus buenos resultados de marzo.







