
Un juzgado togado del Tribunal Militar Central imputó el pasado mes de febrero al coronel de Infantería F.B.O. por un presunto delito de abuso de autoridad en su modalidad de trato degradante a un inferior. Los hechos investigados ocurrieron entre agosto y diciembre de 2004, cuando el acusado, teniente coronel por entonces, era jefe de la Plana Mayor del Regimiento Mixto de Infantería de Mungia. Allí estaban destinadas también las mujeres a las que supuestamente acosó sexualmente.
Entre las víctimas figuran dos tenientes y una capitán, todas bajo el mando del coronel imputado, y también la mujer de un suboficial. Según la teniente médico que denunció inicialmente los hechos, intentó tocarle los muslos y, tras varias insinuaciones y ante las reiteradas negativas de ésta, F.B.O. cursó un parte negativo contra ella. «Me pone caliente tu acento canario», dijo presuntamente a su subordinada, natural de las islas.
La afectada denunció los abusos sufridos en un juzgado de Canarias y también ante el juzgado militar de Madrid, al considerar injustas las faltas disciplinarias impuestas por su superior. Las demás acosadas, por su parte, destacaron ante el juez que el imputado profería frases humillantes sobre sus cuerpos y que se insinuaba constantemente, muchas veces en público y delante incluso de otros varones del mismo regimiento.
Silencio en la base
A una de ellas, según consta en documento judicial, le preguntó si solía acudir a playas nudistas y si se bañaba desnuda, «con las tetas fuera», ya que él lo había probado y le parecía «incómodo por las pelotas». A otra de las víctimas la interrogó sobre si salía del acuartelamiento todos los fines de semana para «follar» con su novio. «¿Allí estaréis como conejos!», espetó supuestamente.
El auto judicial en el que se imputa a F.B.O. está fechado a finales del pasado mes de febrero. Se da la circunstancia de que apenas una semana después, el 7 de marzo, ascendió al cargo de coronel. Fuentes militares argumentaron ayer que la promoción de puesto responde a una simple razón de antigüedad y no a los méritos cosechados por el oficial ni a criterio alguno de selección. El mando continúa en activo y está destinado en la actualidad en la jefatura de la Intervención General del Ejército, ubicada en Barcelona.
En el acuartelamiento de Soyeche ayer todo era tranquilidad y mutismo. Un silencio casi forzado para evitar nuevas filtraciones sobre lo ocurrido en 2004. Ningún oficial se atrevía a pronunciarse al respecto. «No estamos autorizados para revelar información sobre ese caso», se limitaron a explicar algunos responsables de la base militar vizcaína.
Fuentes del Ejército de Tierra, para rebajar la tensión originada, sí confirmaron ayer que actuarán en consecuencia y «adoptarán las medidas que puedan corresponder» en función de la sentencia que adopte el magistrado encargado del caso. En este sentido, un juzgado togado del Tribunal Militar Central ha abierto ya sumario sobre lo acontecido, lo que implica que ve indicios de delito en la actuación del coronel y que éste, por tanto, podría acabar condenado.
Ocho meses de prisión
No es la primera vez, pese a todo, que F.B.O. se enfrenta a un proceso judicial por su abuso de autoridad. Antes de las denuncias presentadas por acoso, el ahora coronel ya fue arrestado por golpear a un subordinado de su mismo regimiento. El oficial fue condenado en 2002, en aplicación de la Ley de Régimen Disciplinario de las Fuerzas Armadas, después de agredir a un cabo primero cuando éste se encontraba borracho y alterando el orden en el interior del acuartelamiento de Solleche.
El incidente tuvo lugar durante la madrugada del 2 al 3 de noviembre del año 2000, mientras se celebraba una fiesta en la base militar de Mungia. La sentencia considera probado que el cabo fue expulsado de la celebración por su estado de embriaguez y que minutos después se encontró con el entonces teniente coronel. Al parecer, ambos iniciaron una disputa en la que el oficial acabó golpeando a su inferior por el alboroto que éste estaba generando y por los insultos que le profería.
Los hechos fueron denunciados por la víctima y se sancionaron con un arresto disciplinario para el ahora coronel, que fue condenado a ocho meses de prisión por su abuso de autoridad. El cabo primero, no obstante, tampoco salió indemne de la disputa y se enfrentó a otra pena por sus continuos insultos a un superior.









