
El territorio vio las orejas al lobo hace quince años. Los técnicos forales y de las mancomunidades alertaron del rápido aumento de los residuos y de la limitada vida de los vertederos. Se planteó la construcción de incineradoras, pero la presión de los grupos ecologistas provocó que la Diputación plegara velas discretamente. La trágica experiencia de la autovía de Leizaran estaba fresca y la institución foral no se sentía con fuerzas para enfrentarse a otro pulso.
Visto el panorama, se optó por impulsar el reciclaje del papel, vidrio y plástico, lográndose en estos años unos resultados sobresalientes, pero ya entonces los más realistas sabían que esta solución sólo iba a servir para alargar un tiempo la vida de los vertederos, pero nada más. La basura, finalmente, ha comenzado a salir de debajo de la alfombra. Los cuatro vertederos guipuzcoanos tienen sus días contados y los restos siguen llegando en cantidades ingentes.
La Diputación, junto a las mancomunidades, aprobaron la legislatura pasada el Plan de Residuos que, entre otras medidas, opta por incinerar una parte de los desperdicios que se generan en Guipúzcoa. Este plan, tras un largo y polémico proceso, parece que finalmente será el instrumento que servirá para solucionar el reto de la basura en el territorio. No obstante, desde su aprobación y hasta que se ha llegado al consenso institucional que hace factible su desarrollo, se han perdido dos años.
El documento contempla la incineración de parte de los residuos. Planteado en genérico, no causó problemas. Estos surgieron cuando hubo que poner el cascabel al gato: decidir dónde se iba a construir la planta para este cometido. Tras un proceso rocambolesco, en el que se analizaron una docena de ubicaciones, se optó por emplazarla en Zubieta (San Sebastián), no sin que el alcalde donostiarra pusiera el grito en cielo.
Giro radical
Solventada esta cuestión, surgió otro inconveniente. Las elecciones municipales y forales del año pasado trajeron un cambio en las mayorías existentes en la Mancomunidad de San Marcos. EB y ANV se hicieron con la presidencia y la vicepresidencia. Ambos grupos se oponen a la incineradora pero, tras meses de polémicas, en el seno de la institución se logró pactar un acuerdo que ha dado vía libre al cierre del vertedero y al desarrollo del Plan de Residuos. El problema se ha encauzado en las instituciones, pero sobre la incineradora penden algunas incógnitas, debido a las siete denuncias presentadas en los tribunales.
El panorama a día de hoy, descrito de forma resumida, es el siguiente. El vertedero de San Marcos, en el que se deposita la basura de San Sebastián y de otros siete municipios de la comarca -37 millones de kilos al año-, cerrará sus puertas antes del verano. Los residuos que hasta ahora se arrojan en esta infraestructura se llevarán a los vertederos de Azpeitia, Beasain y Zarautz. Estos tres basureros comarcales tienen una capacidad limitada a las necesidades de sus comarcas. La llegada de la basura de Donostialdea supondrá más que duplicar los restos que se arrojan en ellos.
Las tres infraestructuras se clausurarán a mediados del año que viene. Pero como hasta finales de 2012 no entrará en funcionamiento la incineradora, la Diputación guipuzcoana ha tenido que buscar una solución transitoria. Aunque una de la alternativas era prolongar la vida de estos vertederos hasta la entrada en funcionamiento del equipamiento, al final se ha acordado enviar la basura a Vizcaya, aunque Navarra también se barajó como destino.
Por tanto, a partir del próximo año, el territorio dará un giro radical al tratamiento de los residuos. Los vertederos, la base sobre la que se asentaba el sistema, habrán pasado a la historia o a lo sumo les quedará una prórroga. No se abrirán más. La exigente normativa de la UE y la oposición vecinal hacen inviable la apertura de nuevas instalaciones de este tipo.
El reto no es baladí. Los 400 millones de kilos de basura que generan los guipuzcoanos cada año tendrán que gestionarse con diversas infraestructuras, algunas nuevas (incineradora) y otras con apenas experiencia (compostaje). El Plan de Residuos prevé una red de instalaciones -tres plantas de compostaje, una de tratamiento de lodos de depuradoras, una instalación de biosecado, equipamientos para el reciclaje de materiales provenientes de demoliciones y para el aprovechamiento de las escorias generadas la incineradora- que deberán ser capaces de tratar las 538.000 toneladas de residuos que se generarán en Guipúzcoa en 2016. De esta cantidad, 224.000 serán reciclables (45,5%) y 53.000 se compostarán (10,8%).




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