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Cultura

DÁMASO GONZÁLEZ, TORERO
«Me fui asqueado, los empresarios me habían perdido el respeto»
El maestro de Albacete repasa su carrera mientras presenta a su hijo como novillero en el País Vasco
10.05.08 -

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«Me fui asqueado, los empresarios me habían perdido el respeto»
EN EL COCHERITO. El maestro Dámaso González, en su visita a Bilbao. / FERNANDO GÓMEZ
Figura de los 70, rey del temple, torero de toreros, Dámaso González (Albacete, 1948) visitó Bilbao y la sede del Club Cocherito para presentar a su hijo novillero, que toreó el jueves en Orduña. El maestro manchego se rodó profesionalmente en la parte seria de los espectáculos cómicos taurinos, un refugio para muchos toreros en las décádas de los 50, 60 y 70. «Permitían que toreáramos todos los días... -recuerda ahora- que en vez de los toracos y de las vacas toreadas que echaban en las capeas, matáramos añojos, puede que algún eral suelto. Nos permitió coger oficio a base de volteretas y varetazos... que no de cornadas El peligro era mucho menor».

-En 1969 toreó ocho tardes en la Monumental de Barcelona en un plazo de dos meses. ¿Qué recuerdos guarda de aquella Barcelona de los 70?

-Lo importante es que al que triunfaba lo repetían sin cesar. Yo debuté como novillero gracias a una sustitución y después me anunciaron otras siete tardes, muchas de ellas en festejos mixtos junto a grandes figuras del toreo. Recuerdo que un día Miguel Márquez se me acercó antes de iniciar el paseíllo y me dijo: ¿qué ganas tengo de que empecemos a luchar con las mismas armas!

-Tutelado por Camará, después de torear poco más de 20 novilladas en plazas claves tomó la alternativa en Alicante en junio de ese año. ¿Fue una decisión precipitada?

-La verdad es que yo no estaba preparado para el toro. La prueba es que el toro de la alternativa me cogió tres veces y el segundo me dio doce o catorce volteretas.

-¿Hay cuerpo que soporte quince volteretas en una misma tarde?

-Sí, hombre, con ilusión se aguanta lo que te echen. Cierto es que acabé en la enfermería pero en mi fuero interno me sentía triunfador. En todo momento el toro quiso quitarme de en medio y, finalmente, no lo logró. Nunca dejé de hacerle frente. Nunca.

-¿Barcelona, Valencia y Albacete fueron sus plazas talismán?

Sin lugar a dudas. En Barcelona me lanzaron y Valencia siempre me apoyó.

-¿Y en Albacete, su tierra?

-Siempre intenté dar lo máximo posible de mi mismo. Otro asunto es que las cosas salieran... sin embargo, mis paisanos valoraron mi entrega.

-De matador de toros no salió a hombros por la puerta grande de Las Ventas hasta San Isidro de 1981.

-En día de la confirmación de alternativa, en 1970, corté una oreja y el público estuvo muy bien conmigo. Sucedió que para mi siguiente compromiso se cambió la corrida y mi apoderado, que no tenía ninguna confianza en la corrida sustituta, dijo que naranjas de la China. Mandamos parte médico y al día siguiente toreé en Mallorca, donde corté cuatro orejas y dos rabos... ¿ufff, la prensa de Madrid¿ Hasta que logré cortar dos orejas de ley en 1981 no dejaron de atacarme. Al final me respetaron.

-¿Y en Sevilla?

-De novillero corté una tarde tres orejas y el presidente no me abrió la puerta del Príncipe... eso no se me olvida. Aún hoy no logro entender la razón por la que me impidieron lo que me gané por derecho en el ruedo. ¿No está los Reglamentos hechos por igual para todos?... Fue una falta de respeto.

-A partir de 1981, desciende el número de contratos y se incrementa la dureza de las ganaderías. ¿Por qué?

-Un día me presté a matar una corrida dura... mira por donde, ¿yo solo me metí en la boca del lobo! Ese fue mi pecado. Al final llegaban los empresarios y me pedían que matara la de Miura o de lo contrario no me ofrecerían la otra media docena de corridas previstas. Cómo no me necesitaban me perdieron el respeto.

-Habitual en las duras, en 1988 decidió retirarse.

-Estaba aburrido. También en las plazas donde más cartel tenía empezaron a llamarme exclusivamente para matarles las duras y... alguno se debió de pensar que era un novillero. Visto lo visto me quité de en medio.

-Reapareció en 1992 y en la temporada de 1993 la prensa se le rindió.

-En aquel entonces la prensa me destacó muy por encima de lo bien que estuve. Me dije: ¿fenomenal! y traté de seguir adelante, pero los empresarios continuaban con la canción de Miura. Eché un par de años más asqueado y aburrido, deseando quitarme.

-¿Le ha contado a su hijo novillero los cientos de volteretas y percances que sufrió para construir su exitosa carrera?

-Él lo sabe. Es plenamente consciente de la dificultad que entraña el toreo, incluido el que venga un señor de la crítica y te quiera mandar a casa desde el primer día.

-Reconozca que los novilleros dinásticos lo tiene más fácil.

-Todos somos hijos de... Lo único que pido es que no se les exija un plus adicional por ser hijo de una figura del toreo. Si valen para adelante y si no a su casa, como todos.

-¿Qué cualidades pueden apreciar en su hijo?

-Yo le veo evolucionar continuamente... Ahora, siempre le insisto en que si el que está en el tendido dice 'eso lo hago yo', mal asunto.
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