LA FUNCIÓN
El próspero fabricante de orinales espera en casa una visita de negocios que fracasa sin remedio por la contumacia de un niño estreñido, una esposa patosa, y la torpeza de todos a la vez. La anécdota es breve, con ingenio verbal, y una trama a pedacitos que podía ser un libreto 'de situación' en TV.
Nuria Espert compone su tipo -la mamá posesiva y grotesca- como ejercicio de estilo. Es una gran trágica, sin duda, y a veces fuerza el registro cómico tanto como quiere que se esfuerce Totó en lo suyo. Están bien en especial Bosch y Pozzi, y el pretencioso salón de aire expresionista logra la ambientación. Se deja ver, y tan escatológico asunto sabe a poco, aunque esté mal el decirlo.








