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Contador persigue a Indurain
El ciclista madrileño debuta hoy en el Giro, una carrera a la que llega fuera de forma pero con un recorrido hecho a su medida

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Contador persigue a Indurain
CONTADOR estará hoy en la salida del Giro de Italia. / EL CORREO
Miguel Induráin fue al Giro porque luego quería ganar el Tour. Alberto Contador debuta hoy en la ronda italiana porque no le dejan ir a la Grande Boucle. El navarro tenía Italia en su plan de trabajo camino de París. El madrileño se ha encontrado de repente en el aeropuerto de Palermo. Una semana atrás estaba sobre sus chancletas en la arena de Cádiz. Sol y playa. A remojo. A Induráin le tocó una era dorada del ciclismo, quizá la última. Contador, en cambio, llegó cuando este deporte era ya un escándalo capitular. Sólo así se entiende que la misma carrera -el Giro- que vetó en febrero a su equipo, el Astana, le abra las puertas sólo unos días antes de la contrarreloj por equipos que hoy inaugura la carrera rosa. En cualquier caso, el escalador de Pinto pisará desde hoy la huella del navarro, del vencedor en las ediciones de 1992 y 1993, del último y único ganador español.

La presencia de un Astana estelar (Contador, Kloden y Leipheimer) eleva el nivel de un Giro que alineará también al vencedor de la pasada Vuelta, a Menchov. A ellos le toca romper el candado del dominio italiano. Hay que rebobinar hasta 1996 para encontrar a un foráneo en lo más alto del podio: el ruso Tonkov. Desde entonces, todos los apellidos ganadores son del listín telefónico local: Simoni, Savoldelli, Gotti, Pantani, Garzelli, Cunego, Basso y en 2007 Di Luca. Carrera privada. «No estoy en forma», avisa Contador. «Mi objetivo este año es el Tour», apunta Menchov. «La noticia de que el Giro nos invitaba es un felicidad comparable a mi victoria en el Tour de Romandía», dijo el alemán tras vencer el domingo en la ronda suiza. A él, el Giro le pilla en plenitud.

La emoción, al final

En frente, el Astana se topará con la tradición: los italianos. Dos son jóvenes, Ricco (Saunier Duval) y Nibali (Liquigas). Los demás son casi corredores del pasado: Di Luca (LPR), o Simoni (Diquigiovanni), o Savoldelli (LPR), o Piepoli (Saunier Duval). Los nombres del Giro de este inicio de siglo. Junto a ellos, un paso por detrás, orbitarán eslabones libres, como Rujano y Joaquín Rodríguez (Caisse d'Epargne), Garate (Quick Step), Danielson (Slipstream) o Mauricio Soler (Barloworld), la sensación colombiana del pasado Tour. Pero a ninguno de ellos les toca brillar al inicio. Al Giro le gusta reservar la emoción dolomítica para el final. Por eso, la primera mitad será para todoterrenos y bólidos. Para McEwen (Silence), Brown (Rabobank), Bennati (Liquigas), Zabel (Milram) o Koldo Fernández de Larrea, la esperanza del Euskatel-Euskadi para lograr su primera etapa en la carrera italiana. Para cerrar el círculo triunfal en el Tour, la Vuelta y el Giro.

Todos ellos, y alguna sorpresa como la de Andy Schleck en 2007, serán los dorsales iluminados. Los elegidos de una carrera magnífica. 'La Fiesta de mayo', le dicen allí. El año pasado, en plena crisis de credibilidad del ciclismo, la audiencia televisiva fue un éxito en Italia. Más que un país es un museo. Historia en piedra. Y como broche: los Dolomitas, las montañas que nadie luce, ni el Tour.

Los mitos italianos

El Giro tiene vida propia. Biografía. Hay un magnífico libro titualado: 'La Italia del Giro de Italia'. Las librerías copan sus escaparates cada mes de mayo con las historias de sus mitos ciclistas. Recuerdan aquella madrugada del 13 de mayo de 1909 en la plaza milanesa de Loreto, el kilómetro cero del primer Giro. Hablan de Luigi Ganna, el ganador de esa edición. Del seguimiento popular a través de los comunicados que llegaban gracias al telégrafo. Del éxito de ventas de 'La Gazzetta dello Sport', el periódico organizador del evento. De las 5.300 liras que se embolsó el ganador. No estaba mal: el director del Giro, a la vez redactor jefe de Deportes del periódico, tenía un sueldo mensual de 150 liras.

Desde hoy, Contador seguirá la estela de Induráin. Y de tantos otros. De Guerra. De Binda, al que le pagaron los premios de una edición si no la corría: sólo así podían evitar su triunfo. De Alfonsina Strada, la mujer que compitió en 1925. Una señora de carácter. Llegó a Milán fuera de control, pero llegó. El Giro también se acuerda de Coppi, de su fuga de 190 kilómetros en 1949. A través del Vars, del Izoard. De su llegada a Pinerolo con 12 minutos sobre Bartali. En la memoria italiana hay hueco para el luxemburgués Gaul, vencedor en el Monte Bondone tras una etapa de nieve bajo cero. O de Merckx en 1968, cuando inició la subida a las Tres Cimas de Lavaredo con casi diez minutos de retraso y los sobrepasó a todos.

La primera subida

Hoy se empieza a rotular otro capítulo. En la séptima etapa aguarda la primera subida, Pencocostanzo. Y hasta la decimocuarta, no llegan las siguientes, con final en Alpe di Pampeago. Un día después es la jornada 'reina': Pordoi, San Pellegrino, Passo Giau, Falzarego y Passo Fedaia. Sin tregua espera la cronoescalada al Plan de Corones. Y ya para el final, dos días de calvario: en la decimonovena etapa (228 km) están el Passo del Vivione y el Passo della Presolana; en la vigésima jornada, el Gavia, el Mortirolo y Áprica. De esos nombres sabe bien Induráin. Ahora le toca aprenderlos a Contador.
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