Aun así, prefiere apartarse de la primera línea de la parrilla. Fuera de foco. «Lo de ganar ni me lo planteo». Si en lugar de progresar notara que acumula cansancio, tendría que bajarse del Giro. Los Juegos Olímpicos y la Vuelta le aguardan. «Una carrera de tres semanas hay que prepararla al detalle y yo no he podido hacerlo». De hecho, lleva sólo desde el pasado fin de semana metido en la tarea.
Tras vencer en las vueltas a Castilla y León y al País Vasco, Contador desaceleró. Además, una infección bucal le retuvo. Se tomó un respiro. Su próxima cita era el Dauphiné Libéré, en junio. Mayo era para coger aliento. Sin embargo, será para su debut en el Giro. «Seré una incógnita». Contador es el último ganador del Tour. Un portento. Un chico que no engorda, que a medio gas puede estar a la altura de la mayoría. «Pero estoy lejos del nivel que mostré en la Vuelta al País Vasco. Vengo de la playa. He tenido que dejar el bañador a todo correr y coger el culotte». Hoy lo estrena en Palermo.





