Se le notaba satisfecho por haber culminado con éxito una aventura con la que llevaba tiempo soñando, pero que le ha costado mucho dinero. «Tanto mi compañero Carlos Martínez, que hace unos días desistió, como yo hemos quemado todos nuestros ahorros en el Makalu. Nos autofinanciamos y !claro¿, esta es una afición muy cara. Pero bienvenida sea la cima».
La subida le pareció diferente. «A partir de los 8.000 metros han comenzado las dificultades. En el tramo más delicado y más largo, el de las cuerdas fijas, he tenido que superarme y ganar metros a base de paciencia y cabeza».





