«Esa demanda está creciendo a gran velocidad porque cada vez hay menos tiempo para preparar comida en casa y la gente cada vez sabe menos de los productos», dicen los analistas de Eroski.
Otros artículos pierden peso en la cesta de la compra. El cambio en los gustos culinarios no lo explica todo. Al existir cada vez menos trabajos que requieren de esfuerzo físico, desciende el número de calorías necesarias. Ese factor, combinado con las mayores rentas y el menor tiempo disponible para cocinar, está en la base de la caída del gasto en patatas y legumbres.
Bebidas y tabaco
También hay cambios en las bebidas: el creciente consumo de las no alcohólicas y su precio más elevado (fruto de una sofisticación imparable a la hora de diseñar sabores y mezclar componentes) han hecho que la factura que pagan los españoles por ellas sea mayor que la correspondiente a las alcohólicas, al menos en lo que se refiere al consumo en el hogar.
De cara al futuro, el gasto familiar en alimentación estará sometido a dos fuerzas que operan en sentido contrario: por una parte, como señalan los especialistas de Eroski, los consumidores querrán ahorrar en aquellos productos básicos cuya calidad está garantizada al margen de las marcas; por otro, los precios mundiales tenderán a subir, como se está viendo en la actual crisis y por el efecto añadido de un consumo mayor de alimentos ecológicos. El resultado final dependerá de cuál de las dos fuerzas termine siendo más poderosa.
Y un último dato llamativo: después de todas las campañas contra el tabaco, un español medio destina nada menos que 2,22 de cada cien euros a este producto. Se fuma menos, ése es un dato objetivo. Pero los fumadores consumen ahora tabaco de mucha mayor calidad que en la generación de sus padres y gravado con más impuestos. Por eso, un español medio gasta más en tabaco que en servicios médicos. Aunque suene a chiste.







