
En la memoria del PSE permanece lo ocurrido en 2001. Y no como ejemplo a seguir, sino a evitar. Entonces, la entente constitucionalista con el PP no impidió la victoria peneuvista. Todo lo contrario. La dirección socialista está convencida de que muchos votantes no demasiado entusiasmados con el candidato jeltzale acabaron por apoyarle ante el «miedo» que les generaba Jaime Mayor Oreja. Ibarre- txe superó los 600.000 votos, cifra nunca alcanzada. Aquella campaña cargada de tensión, tras la cual el PSE sacó sólo 13 escaños, causó un cisma en el socialismo vasco. Dimitió Nicolás Redondo Terreros y Patxi López accedió a la secretaría general.
Con este antecedente sobre la mesa, el objetivo del actual primer partido de la oposición en Euskadi es intentar hacer todo lo contrario. Apostar por lo que el pasado martes el propio López definió como el «cambio tranquilo» durante la celebración del comité nacional que le designó como candidato a lehendakari. «Tenemos que enterrar cualquier tipo de trinchera, hacerlas desaparecer», recalca un miembro del partido.
Y la primera «batalla» en esta guerra estratégica pasa por hacerse con la «bandera del diálogo». Una pelea cuyos primeros protagonistas serán el propio Ibarretxe y José Luis Rodríguez Zapatero, que se verán las caras el próximo martes 20 en La Moncloa. Los dos campeones del talante recalcan que tienen la «mano tendida», pero a partir de ahí, los caminos se separan. El lehendakari insistirá en un acuerdo bilateral entre gobiernos y el presidente del Ejecutivo central exigirá a su interlocutor que pacte primero con López.
En este escenario, los socialistas vascos están convencidos de que las «dotes de seductor» de su líder son mayores que las del lehendakari. «La ciudadanía tiene memoria y sabe que ha sido una persona dispuesta a llegar a acuerdos de calado para lograr la paz», sostienen. Además, también consideran que la imagen dialogante de Ibarretxe y de un buen número de dirigentes del PNV es «ficticia» porque «lo que les pide el cuerpo» es el «choque de trenes». A su juicio, «no aguantarán» esta «pose de 'buen rollo'» porque también necesitan la «confrontación» para aglutinar a todo su electorado. «Y a nosotros sí nos interesa aparecer como un partido moderado al que no le gusta la bronca».
En todo caso, la formación liderada por López es consciente de que los nacionalistas intentarán buscar contradicciones en su discurso. Las conversaciones de Loyola son un ejemplo. Durante la última semana, Ibarretxe se ha esforzado en resaltar que los socialistas se niegan a negociar con él los temas que sí trataron con Batasuna en el santuario guipuzcoano durante el otoño de 2006. Frente a este planteamiento, los socialistas vascos insistirán en que el lehendakari «falsea los acontecimientos». «Aquello se hizo para lograr la paz y se exigía ausencia de violencia. Y lo que él propone ahora no busca la paz porque la propia izquierda abertzale le está diciendo que su propuesta no sirve para nada. Lo que quiere Ibarretxe es perpetuarse en el poder».
Pero la principal baza del PSE para contrarrestar la estrategia peneuvista será, simplemente, obviar estas cuestiones. «No jugar en su terreno. Si él habla de Loyola, nosotros de Osakidetza, del sistema educativo, de los servicios sociales...». En una guerra de imágenes, trasladar la de un lehendakari que habla del pasado y un López que «mira al futuro». Aun así, algunos sectores de la formación son partidarios de aceptar el 'órdago a la grande' y debatir sobre Loyola. «No hicimos nada que tengamos que esconder. Expliquemos bien lo que pasó, dejando claro que ahora no corresponde», afirman.
Sin embargo, la opinión mayoritaria es aparcar tanto este tema como la reforma estatutaria. Los dirigentes del PSE sostienen que la estrategia del PNV de centrar el debate en la cuestión identitaria no calará en la sociedad. En su opinión, lo que están haciendo los líderes jeltzales es un calco de lo sucedido en 2005, cuando Ibarretxe presentó su plan en el Congreso de los Diputados. «Entonces cerraron filas, incluido Josu Jon Imaz. Intentaron crispar, decir que negamos la palabra al pueblo vasco. El lehendakari convocó unas elecciones como si fuese un plebiscito y lo perdió. Esa fórmula no tiene recorrido», asegura un miembro del PSE, que augura una «ofensiva mediática» nacionalista en la que no hay que «quemar a Patxi».
Centralidad
En la cúpula del PSE se piensa que lo que decidirá las elecciones será hacia dónde se decante un nutrido grupo de electores poco ideologizados. Muchos de ellos, jóvenes que llevan diez años viendo a Ibarre- txe en Ajuria Enea mientras «la Sanidad decae y se disparan los precios de los pisos». Los primeros sondeos en manos de los dirigentes socialistas apuntan a que el PSE obtienen los mejores resultados entre los nuevos votantes.
Según esta tesis, los argumentos planteados por Ibarretxe e Iñigo Urkullu durante los últimos días sirven para «contentar» a los ya convencidos, pero no a los que tienen dudas o a los que están «descontentos» con la «deriva» del lehendakari. Y a este sector es al que se quiere dirigir la formación liderada por López. «Convencer al simpatizante nacionalista moderado que quiere tranquilidad, sosiego y garantías de que las cosas se hacen de forma correcta», aseguran desde las filas del PSE, que también intentarán atraer a votantes del PP que no desean más nacionalismo y que «tienen que interiorizar que nosotros somos la única alternativa posible». Y, además, a los críticos con la actitud de Javier Madrazo en Ezker Batua.
«Aunque está claro que no es extrapolable, ahondar en lo que sucedió en las generales». Lograda la bandera del diálogo, fusionar otras dos ideas: aparecer como la fuerza que mejor representa los derechos sociales impulsados por Zapatero y la que está situada en la centralidad política de Euskadi.
Pero, sobre todo, concienciar de que el PSE no sólo es un partido que resiste ante ETA, sino que es una formación que cuenta con gente capacitada para gobernar y para solucionar problemas. No aparecer como víctimas, «sino como gestores. La compasión está muy bien, pero ninguna sociedad elige como presidente a alguien que le da pena».
Sin embargo, este diseño de pizarra choca con varias incertidumbres. Por un lado, ETA. La ofensiva lanzada por la banda puede alejar a personas interesadas en colaborar con el PSE pero que al final no lo hacen por miedo. En este sentido, se ve poco probable la puesta en marcha de plataformas tipo 'Aldaketa', pero no se descarta que López aparezca arropado por personalidades del mundo de la cultura o la economía.
Las otras dos grandes incógnitas son el Pleno de junio y el juicio contra Ibarretxe y López. En el PSE están convencidos de que el lehendakari «explotará al máximo las dos cuestiones para fomentar ese victimismo en el que juega tan bien».
El calendario en el que se mueven los socialistas sitúa las elecciones en octubre, independientemente de lo que suceda en la sesión en la que el lehendakari pedirá autorización al Parlamento vasco para celebrar la consulta. «Ibarretxe no va a organizar un referéndum ilegal. No va a hacer el ridículo colocando urnas en los batzokis», vaticinan los responsables del PSE, para los cuales, el mayor problema no es el mes en que se celebren las elecciones.
Alianzas
Más preocupa la repercusión que tenga el juicio que se desarrollará en el Tribunal Superior. En este sentido, están convencidos de que Ibarretxe intentará pegar lo máximo posible la vista oral a las autonómicas. «En teoría, cuanto antes se celebren los comicios, mejor para nosotros. Pero sólo en teoría. Si son en octubre y el juicio es en septiembre, nos hacen un roto».
Los dirigentes del PSE saben que el camino no es sencillo. «Creemos que es posible, pero tenemos los pies en el suelo», afirma un dirigente que considera «muy prematuro» empezar a hacer previsiones de resultados o decir «con quién vamos a formar gobierno». «Habrá que ver si el PNV y EA se presentan en solitario o unidos, qué hará EB...». A su juicio, sólo hay dos cosas claras: «que Patxi o será lehendakari o estará en la oposición» y que la izquierda abertzale no entrará en el Parlamento. «Si no se desmarcan de ETA, están condenados a la clandestinidad».







