Uno de los aspectos ecológicos más destacables será el blindaje frente al ruido. La mayoría de las máquinas estarán ubicadas sobre la cubierta y ocultas por un parapeto envolvente que mitigará en la medida de lo posible su impacto sonoro.
La necesidad de ahorrar agua y electricidad también será una de las señas de identidad del complejo. El agua caliente sanitaria se obtendrá gracias a la energía solar. También se instalarán paneles fotovoltaicos adicionales. En el interior, las instalaciones están pensadas de tal forma que el gasto energético será lo más ajustado posible. Para ello se colocaron algunos adelantos técnicos como los sensores de movimiento que activan la luz sólo cuando hay personas en la estancia.
El aislamiento ha sido otro de los caballos de batalla de los diseñadores del futuro Consistorio. El vidrio y el doble acristalamiento retienen el calor del sol en invierno, mientras que en verano se ha buscado un cerramiento especial que permita mantener fresco el interior sin tener que abusar de la climatización. Los arquitectos de la firma bilbaína IMB tienen claro que en este tipo de edificios, en Vizcaya, se gasta más energía durante el verano que en invierno, ya que la época estival está siendo en los últimos años muy calurosa, mientras que el rigor de la estación fría ha disminuido de forma considerable en la última década.











