CORRIDA EN EIBAR
Hablando de paisanos, ayer tarde Iván Fandiño conquistó a la afición eibarresa. Suma y sigue. De los cosos vascos únicamente le quedan por tomar las aficiones de Vitoria y Azpeitia. Cierto es que en Eibar, Fandiño dispuso del único toro que ofreció veinte arrancadas francas. Fue el primero de su lote, justito de raza, noble y manejable, aunque durara un suspiro. Antes de pasaportarlo con un estocanozo, ligeramente contrario, el matador lo saludó con una larga cambiada en el tercio, una serie de mecidas verónicas y un quite de gaoneras ceñidas. ¿Menudo lío le armó con el capote!
Tras un lucido tercio de banderillas -Jarocho destacó con las 'frías'-, Fandiño compuso un trasteo inteligente. Por muchas razones: tocó el engaño por fuera, nunca apartó la franela de la cara de su afligido oponente, abrió las embestidas lo oportuno, y reguló la altura de los remates de cada muletazo. Brillante. Frente a su segundo, manso y agarrado al piso, se vació por completo. Muy cruzado, sin llegar a sacar la muleta, dejándose llegar al toro hasta los muslos, arrancó los muletazos de uno en uno. Pulcros, nítidos. Tras un espadazo entero, pelín trasero y desprendido, paseó un laborioso trofeo.
Luis Francisco Esplá debió vérselas con un lote manso, reservón, falto de entrega y con malas ideas. Por su parte, Hermoso de Mendoza, excesivamente auxiliado por sus subalternos, probó sin lucimiento a 'Viti' y 'Pirata' con su primero, manso sin fondo, y tiró de 'Chenel' y 'Fusilero' frente al cuarto, huidizo a más no poder.








