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Cultura

CRÍTICA DE ÓPERA
El triunfo de la muerte

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La ópera póstuma del gran Puccini, conviene no olvidarlo, representa el triunfo del amor. El frío distanciamiento y la carencia de sentimientos de la princesa oriental con respecto a sus congéneres terminan por sucumbir frente al amor, sólo que desde hace ya unos cuantos años, Nuria Espert quiso cambiarle su destino. La mencionada actriz y directora catalana no se imaginaba a la todopoderosa princesa cambiando los pañales a su prole y nos dejó una producción en la que es su muerte y no el amor la que triunfa. Fastuosa, suntuosa y con un mundo de figurantes en la escena, la coproducción de la ABAO con el Liceo sigue manteniendo ese caprichoso final, el cual va siendo dañino para el gran público por su inexactitud.

Volvía también Antonello Allemandi al podio principal, con su técnica direccional elegante, pero también a veces confusa. Con él y además en ésta ópera, no cabían voces de poca sonoridad, pues la Sinfónica de Euskadi, fiel a sus órdenes, impuso un intensidad grandiosa y no solamente en los finales de acto, sino también exigente para las voces. Menos mal que la soprano Adrienne Dugger pudo con los escollos de la escena de la adivinanza y aunque una voz lírica y no siempre bella, se le pudo escuchar bien, un dato éste importante en esta ópera ingrata para toda soprano.

Cierre equilibrado

El tenor Marco Berti ha tardado en venir a Bilbao. Hace ya años que cosecha triunfo tras triunfo gracias a su voz de color puramente lírico y con la que puede cantar este tipo de roles gracias a su squillo y a su muy grato timbre. Sería deseable que le pudiéramos retener para futuras temporadas y escucharle en otros títulos que incluso vayan mucho mejor a su brillantez vocal. En orden a los méritos, es justo nombrar al trío compuesto por Marco Moncloa, Mikeldi Atxalandabaso y Jon Plazaola antes que centrarnos en la soprano Latonia Moore y ello por dos razones. La primera, porque la labor de los tres citados, siempre compleja y no siempre bien acogida por su superficialidad, resultó musicalmente conjuntada y escénicamente desenvuelta. En segundo lugar porque ya se sabe, que papeles como ésta de Liú o como la Micaela de 'Carmen' son siempre del agrado del público ya que musicalmente encierran un par de arias de escritura melódica y bella y el triunfo está casi asegurado. La soprano Moore, tal como ocurre tantas veces con las que abordan el papel de Liú, fue la más aplaudida y lo fue en justicia, porque cantó con bella voz, con control y expresividad. Al bajo búlgaro Vatchkov le faltó el empaque vocal que su figura alta y solemne le proporcionaban y le faltó el volumen que sus casi dos metros de altura no le confirieron. Del tenor madrileño Montero digamos que cumplió desde lo alto de su trono. Para finalizar, señalemos que el coro de la Ópera de Bilbao disfrutó cantando y nos hizo disfrutar a todos.

Un cierre de temporada equilibrado, porque la escenografía sigue manteniendo su riqueza y atractivo y las voces no desentonaron. Es más, el tenor Berti y la soprano Moore, recibieron el tributo del aplauso unánime por la calidad exhibida. Veremos lo que sucede en la Opera Berri, con otros cantantes, sobre todo si el maestro Allemandi sigue exigiendo tal densidad orquestal.
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